Capítulo 2: Austin

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AUSTIN

―¿Vas a ir?

―¿A dónde?

―A la fiesta, te dije que es hoy. ―Zack me miró con desaprobación― Amigo, qué poco social eres. ―se burló de mí y procedió a echarse desodorante.

Mentiras no decía, pero me importaba muy poco su actitud hacia mi comportamiento. Me consideraba el mejor compañero de dormitorio que podía tener. Siempre me ocupaba de lo mío y además, dormía todo lo que podía, por lo que ni siquiera lo molestaba. El fastidioso era Zack, que en muchas ocasiones llegaba borracho y en compañía de alguna chica.

No puedo explicar la vergüenza ajena que me daba despertarme por los ruidos de la cama rechinando o los exagerados gemidos femeninos. Podía ser malo si lo quería y hacerles pasar un momento de vergüenza, pero en su lugar me colocaba mis poderosos auriculares bloqueadores de todo sonido molesto y me volvía a dormir.

En fin, el premio al mejor compañero de dormitorio sin dudas era mío.

―¿Y a qué hora es?

―Empieza a las diez. ―se colocó una remera― Oh y oí que Allison irá. Escuché que ella y Ryan terminaron. Tal vez sea mi oportunidad...―hizo una pausa― o la tuya. ―me guiñó un ojo.

¿Allison y Ryan han terminado?

―Pero deberías hacer algo con ese cabello tan desastroso que tienes. Un corte no te vendría mal...y una afeitada tampoco. ―palmeó mi hombro.

No le dije nada y él continuó.

―Piénsalo, Joshua Russo hace cortes geniales a buen precio. Está a dos dormitorios del nuestro. ―finalizó y abandonó la habitación.

Mi cabello no está tan mal.

Tampoco estaba tan bien. La sugerencia del cambio de look, aunque no solicitada, me hizo darme cuenta de que mi corte me hacía lucir bastante virgen, ¡y no lo era! Debía cortármelo, pero no lo haría ese día. Ni siquiera sabía si asistiría a la fiesta porque seguro no conocería a nadie en ella, solo mantenía contacto con algunos de mis compañeros y no eran ese tipo de gente. A decir verdad, casi nadie poseía perfil fiestero dentro de mi carrera, lamentablemente el estereotipo de otakus vírgenes y poco sociales se volvía muy fuerte cuando se hablaba de campos relacionados a la computación.

Y los cambios de rutina eran algo que me costaba. Empezar la universidad me sacudió de todas las formas posibles y me sacó de mi zona de confort: mi habitación en Salt Lake.

Me tomó un largo rato acostumbrarme. Tener Zack de compañero fue un golpe de desgracia que aprendí a manejar con el tiempo y el hecho de que él no pasara tanto dentro de las cuatro paredes, me ayudaba a manejarlo aún mejor. Ya no detestaba tanto que compartiéramos el espacio y encontré la vuelta para convivir en paz, así que no quería ni pensar en lo arduo que sería ajustarme a un compañero nuevo.

Por todo eso, abandonar el nuevo episodio de Jujutsu Kaisen para asistir a una fiesta no me parecía el plan más atractivo.

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Después de mandarle un mensaje a Zack preguntándole cuál era con exactitud el dormitorio de Joshua y conseguir respuesta, me planté ante la puerta de este último y di unos golpes en ella con un poco de timidez.

Cuando se abrió, detrás de ella apareció un joven de ojos claros y cabellera negra.

―¿Quién eres?

―Austin Cooper. Soy compañero de Zack. ―lo miré con una expresión de duda.

―Ah, sí, Zack. ―sonrió de repente y me saludó con la mano― ¿Te ha recomendado mis cortes?

―Sí ¿Cuánto cuestan?

―Cincuenta dólares, bro.

―¿Qué? ¿Cincuenta dólares? ―expresé sin poder creer lo ridículamente alto que cobraba.

―Sí, me han revocado la beca...―se apoyó contra uno de los marcos de la puerta― por lo que debo pagarla y he optado por vender más caro mi arte, ¿sabes? ―volvió a sonreír.

―¿Qué has hecho para que te revoquen la beca?

―Vender marihuana en el campus.

―¿Estás loco? Podrían haberte expulsado, es más, se me hace raro que no lo hayan hecho.

―Sí, lo sé...―encogió sus hombros― ¿Vas a querer el corte o no?

Medité unos segundos en si acceder, esperaba que por lo menos me mostrase fotos verídicas de su ''arte'' porque de ninguna manera le pagaría cincuenta dólares para que luego me dejara como la muñeca de los Rugrats ¿El idiota de Zack me quería jugar una broma o qué? Por desgracia era mi única opción, a esa hora no llegaría a la peluquería y de ir tendría que ir en auto, cosa que no tenía. 

―¿Tienes cambio de cien? ―Joshua esbozó una nueva sonrisa y con su natural rostro de tarado, asintió y se hizo a un lado para dejarme pasar.

[ 👩‍❤️‍👨📸📚🎮 ]

Miré a mi reflejo al espejo una vez más antes de salir por la puerta. Si tenía que ser honesto, me veía bastante bien sin la barba y con un corte más apropiado para mi edad.

No tenía esperanza alguna de hacer amistades en la fiesta, pero tampoco planeaba quedarme parado sin hacer nada. Me iba a empujar a socializar, por lo menos tenía que intentarlo con los amigos de mi compañero de cuarto. Tal vez nos llevaríamos bien.

Toda esa charla mental de que no me quedaría sin hacer nada no me sirvió de mucho, puesto que me pasé la primera hora mirando el móvil y bebiendo un poco de cerveza, que encima estaba horrible. Zack se escabulló con una chica en cuanto tuvo la oportunidad y sus amigos eran unos descerebrados para conversar. No podían evitar hablar ni por cinco minutos sobre los pechos o trasero de casi cualquier estudiante femenina que veían pasar. Me dio asco cuando fue el turno de Allison, la manera en la que hablaron de lo que le harían si ella les daba una oportunidad ahora que estaba soltera me pareció asquerosa.

―No hablen así de ella. ―los regañé, intentando que el enojo no se percibiera en mi voz.

―¿Por qué no? Está para chuparse los dedos. ―expresó Lucas, uno de los cuatro idiotas que conformaba el grupito.

El alcohol barato que consumí hizo de las suyas y las ganas de orinar me llamaron, lo cual era una bendición, porque me alejaría de esos tipos. Después de visitar el baño tenía claro lo qué haría, intentaría buscar alguna cara conocida y quizá también alguna oportunidad de hablarle a Allison. Todo esto si sus amigas no la arrastraban lejos, como parecía que hacían, llevándola de un lado para el otro sin dejar que los estudiantes masculinos se les acerquen. 

Al segundo de llegar a las escaleras, una chica rubia trastabilló en ellas y cayó de rodillas al suelo. Me apresuré en ayudarla y preguntarle si estaba bien. No pude evitar examinar su estado de ánimo y su expresión. Lucía entre preocupada, triste y enfadada, casi al borde de las lágrimas, lo que me llevó a decirle que no se ponga a llorar.

A pesar de su ánimo, me agradeció y me preguntó por un chico llamado Thomas Dawson.

¿Justo a mí me vienes a preguntar?

Con suerte conocía al organizador de la fiesta.

Y en realidad ni lo conocía.

Lo siguiente sucedió muy rápido y en medio de un arrebato de su parte, me quedé sin bebida. En su acción, perdió un arete y no me fue posible saber si lo notó o si lo hizo y no le importó, ambas opciones podían ser. Levanté el accesorio del piso mientras escuché como el ambiente se reducía a la voz de ella discutiendo con el que supuse sería su novio.

Al parecer la había engañado con una chica en plena fiesta y quedé atónito cuando la rubia les lanzó mi bebida. Fue una acción muy osada. 

Se marchó en extremo furiosa y con razón. La seguí y la llamé pero ella no frenó sus pasos, así que la dejé ir porque las ganas de ir al baño se agudizaron de repente.

Quizá si me la encontraba en el campus durante la semana podría devolverle el arete. 

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