13

63 6 0
                                        

Me levanté de la cama y comencé a caminar de un lado a otro de la habitación, intentando procesar mis emociones. Me sentía atrapada en una situación que no podía controlar. Mi padre era un hombre violento y mi madre no hacía nada para detenerlo.

De repente, me detuve en seco y miré hacia la puerta. Me acordé de la conversación que había tenido con Suho anteriormente. Me había dicho que si alguna vez necesitaba ayuda, podía contar con él. Me sentí un poco de esperanza. Tal vez, Suho podría ayudarme a salir de esta situación.

Me senté en la cama y comencé a pensar en cómo podría contactar a Suho sin que mi padre lo supiera. Sabía que era un riesgo, pero estaba dispuesta a intentarlo. Cualquier cosa era mejor que seguir viviendo en este infierno.

Me sentía como una prisionera en mi propia habitación. Habían pasado varios días desde que mi padre me había golpeado y mi madre no habia echo absolutamentenada. La única comunicación que tenía con ella era cuando me dejaba la comida en la
Puerta y se iba sin decir una palabra.

Me sentía aislada y sola. No podía salir de la habitación, no podía ver a mis amigos, no podía hacer nada. La rutina era la misma todos los días: despertar, comer, dormir. Me sentía como si estuviera perdiendo la cordura.

Comencé a sentirme ansiosa y nerviosa. Me pasaba horas caminando de un lado a otro de la habitación, intentando encontrar algo que hacer para ocupar mi mente. Pero no había nada. Solo la oscuridad y el silencio.

"POV SUHOO"

Habían pasado varios días desde la última vez que vi a Soojin. Me acuerdo de ese día como si fuera ayer. La había acompañado a su casa después de un día juntos, y me había despedido de ella. Pero después de eso, no volví a saber de ella.

Al principio, no me preocupé demasiado. Pensé que tal vez estaba ocupada con sus cosas y que me llamaría pronto. Pero pasaron los días y no recibí ninguna llamada, ningún mensaje, nada como siempre pasaba.

Y lo que me preocupó aún más fue que Soojin había faltado al colegio. Ella era una de las personas más responsables y comprometidas que conocía, siempre estaba presente en clase y nunca faltaba sin una buena razón. Así que cuando supe que había faltado al colegio, me alarmé.

¿Qué había pasado con ella? ¿Estaba bien? No podía sacarla de mi mente.

Decidí llamarla, pero cuando lo hice, no respondió. Dejé un mensaje, pero no me devolvió la llamada. Intenté llamarla de nuevo al día siguiente, pero tampoco respondió.

No podía dejar de pensar en ella. ¿Estaba bien? ¿Necesitaba ayuda? Tenía que encontrar una manera de saber qué estaba pasando con ella.

Me dirigí a la casa de Soojin, decidido a saber qué estaba pasando con ella. Llamé a la puerta y, después de un momento, se abrió. Era la madre de Soojin, que me miró con una expresión seria.

– Hola –  le dije, intentando sonar amistoso. – He venido a visitar a Soojin. ¿Esta ?

La madre de Soojin se cruzó de brazos y me miró con una expresión firme. – Soojin está enferma – dijo. – Tiene un refriado contagioso y no puede recibir visitas

Me sentí un poco decepcionado, pero también preocupado por Soojin. – Lo siento – le dije. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarla?

La madre de Soojin negó con la cabeza – No, gracias. Solo necesita descansar y recuperarse. No queremos que se propague el refriado

Me sentí un poco frustrado. Quería ver a Soojin y asegurarme de que estaba bien, pero la madre de Soojin parecía decidida a no dejarme pasar.

– Entiendo – le dije finalmente.

Caminos cruzados Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora