Me da mucho miedo el amor,
ese precipicio donde tantos han tropezado y caído,
lugar donde las promesas se rompen
como las olas del mar,
y los sueños se desvanecen
como el viento.
Sin embargo, tú, con tus preciosos ojos,
me envuelves en una maravillosa nube de valor
y me llevas a un mágico lugar
donde las sombras de mi cabeza no me alcanzan.
Y lo sé, muchas veces mis palabras suelen sonar vacías, palabras que resuenan como eco en el desierto, donde resuenan tu voz y la mía, bañadas por el sol implacable y, a su vez, por el cielo distante.
Un lugar donde nuestros sentimientos se desbordan, fluyendo por mi garganta en palabras tormentosas que, muchas veces, poco tienen que ofrecer, producto de un corazón que tantas veces me vio caer, frágil y agotado, quizás al borde del colapso. Pero, en el fondo, con la esperanza de que, juntos, podamos construir en él un majestuoso lago.
Sé que no soy la mejor
y soy consciente de mi error.
Mi actitud, que a veces se desborda,
una avalancha de pensamientos que arrastra todo a su paso,
ahogando mi mente en dudas y reclamos,
mientras los problemas siguen lloviendo
sin importar el daño que causan abajo.
Muchas veces, la idea de que me dejes de amar me invade,
pero en mi pecho, tu voz calmada me complace.
Y aunque suene egoísta, quiero tu amor
para poder fluir en mi desastre
