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Las manos de Sunoo sudaban, se limpiaba con la tela de remera mientras permanecía estático frente a las hamacas del parque.

¿Cómo iba a empezar?; su mente estaba hecho un lío. Primero que nada, el apenas se daba cuenta que le gustaba su mayor, pero como era un mandado de mierda, iba a decírselo right now.

O sea, si, era algo impulsivo. Aunque no podía evitar admitir que cuando veía esas raras indirectas de Sunghoon hacía él, su corazón daba un vuelto y saltaba como loco.

Estaba comenzando a desesperarse, el Sunghoon no llegaba más y le daba bronca, él era "súper puntual" y justo ahora llegaba tarde. Era mejor irse y dejar todo así, ya conseguiría otro amigo al cual molestar.

No, que mentira tan mala, nadie se compararía a Sunghoon en ningún aspecto. O sea, podía existir gente similar en personalidad y apariencia, pero nadie sería como Sunghoon.

—¡Bu!— Una persona rodeo sus hombros en un brazo, dándole un gran susto al rubio, que soltó un pequeño chillido por eso.

Las manos de Sunoo sudaban aún más cuando Sunghoon lo abrazó por detrás. Ese contacto inesperado lo sacó de su nube de pensamientos, pero no hizo nada para calmar los nervios que le consumían por dentro.

—¡Pelotudo, no me asustes así!—

—¿Vos siempre tan nervioso o solo cuando estoy yo? —preguntó Sunghoon mientras le dedicaba una sonrisa de esas que siempre lo desarmaban.

Sunoo rodó los ojos, intentando actuar como si su corazón no estuviera a punto de explotar.

—No me hagás hablar, Hoon. Vos sabés por qué estoy acá. —Se cruzó de brazos, como queriendo protegerse a sí mismo.

Sunghoon rió suavemente. Esa risa que Sunoo había escuchado mil veces, pero que ahora se sentía diferente. Todo entre ellos se sentía distinto desde ese día en la casa de Sunghoon. Desde ese beso.

El mayor no respondió de inmediato. Se quedó ahí, mirándolo con esos ojos oscuros que parecían leerle la mente. Después de unos segundos, tomó aire y habló, su voz mucho más suave de lo normal.

—Sunoo, tengo que decirte algo… algo que, creo, ya sabés. —Hizo una pausa, y sus manos se movieron nerviosas hasta que decidió agarrar las de Sunoo. El contacto hizo que el más joven casi diera un respingo, pero no se apartó.

—No sé cómo explicarlo sin que suene re cursi… —Sunghoon sonrió nervioso, rascándose la nuca. Luego levantó la mirada, encontrando la de Sunoo directamente—. Desde ese día en mi casa… no puedo dejar de pensar en vos, aún más de lo que ya lo hacía. En ese momento. En cómo se sintió… cómo me hiciste sentir—

El rubio se quedó sin palabras. Esa era la confesión que había estado esperando, pero ahora que la escuchaba, no sabía qué hacer con ella.

—¿Y? Decime algo. Me estoy muriendo acá. —Sunghoon intentó bromear, pero su voz delataba su ansiedad.

Sunoo suspiró, bajando la mirada. Luego la alzó otra vez, enfrentándolo con el rubor cubriendo sus mejillas.

—Boludo… no sabés cuántos nervios me hiciste tener. Pensé que no ibas a decir nada nunca. —Le soltó un golpe leve en el hombro antes de agarrarlo de la camiseta y tirar de él. Lo acercó sin decir una palabra más y volvió a besarlo, igual que aquella vez, pero ahora con más certeza.

Cuando se separaron, Sunoo sonrió.

—Sos un desastre, pero creo que estoy enamorado de vos. —Su voz era suave, pero no dudaba ni un segundo.

Sunghoon lo miró como si acabara de escuchar las palabras más lindas de su vida.

—¿Recién te das cuenta? Yo estoy enamorado tuyo desde casi principio de año. —Y con esa confesión, el mayor lo abrazó fuerte, como si quisiera asegurarse de que nunca se alejara.

turroski, sunsun au Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora