❝...Love me at my lowest
I'll love you when you're barely holdin' on...❞
"La chispa del romance nació inmediatamente con su primer encuentro, Jungkook y Jimin deciden explorar activamente el concepto de amor e intimidad y se esfuerzan por construir...
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El ambiente en el departamento de Jungkook estaba impregnado de una calidez especial, como si el aroma del tteokbokki recién preparado hubiera dejado una huella más allá de la comida. Jimin, quien no dejaba de elogiar el talento culinario de Jungkook, tenía una sonrisa radiante en el rostro.
—¿Te gustó el tteokbokki? —preguntó Jungkook, inclinándose ligeramente hacia la mesa mientras llenaba sus vasos con soju.
Jimin tomó un largo trago de su bebida, dejando el vaso vacío con un suave golpe en la mesa. Asintió vigorosamente, su sonrisa aún más amplia.
—¡Lo amé! —exclamó, sus ojos brillaban con sinceridad—. Estuvo delicioso, tienes un don para la cocina, Jungkook.
—Entonces a partir de ahora me convertiré en tu chef personal —respondió Jungkook, alzando su vaso en un gesto cómplice antes de beber.
La risa de Jimin llenó la habitación, suave y melodiosa.
—¿Sabías que el tteokbokki es mi plato favorito? —preguntó Jimin con curiosidad.
Jungkook asintió, sus labios curvándose en una sonrisa confiada.
—Lo sé.
Jimin arqueó las cejas, sorprendido.
—¿Cómo lo supiste? ¿Te lo dije?
—Me lo mencionaste en una llamada hace... —pensó un momento.— hace como dos semanas. Dijiste que extrañabas comer tteokbokki de Corea porque en Nueva York no lo saben preparar como aquí.
Jimin se quedó en silencio un momento, recordando la conversación. Su rostro pronto se iluminó de nuevo y llevó las manos a su rostro, ocultando la leve vergüenza que sentía.
—¡No puedo creer que lo recordaras! —murmuró entre risas, su voz algo amortiguada por las manos.
Jungkook, mientras lo observaba, sentía cómo algo profundo dentro de él se removía. Era algo que no podía controlar, algo que su lobo interior reconocía con cada pequeña acción de Jimin. La manera en que tapaba su rostro, cómo reía con tanta naturalidad, incluso los pequeños gestos de sus manos mientras hablaba. Todo en Jimin era un espectáculo encantador para Jungkook.
—Eres muy... bonito —se le escapó a Jungkook en voz baja, apenas un susurro.
El Omega, demasiado concentrado en sus propios pensamientos, no lo escuchó, o al menos fingió no haberlo hecho.
La conversación fluyó fácilmente mientras acababan la última botella. Jungkook le habló de lo ocupado que había estado con su música, de las ideas que tenía para futuros proyectos. Jimin, por su parte, compartió algunas anécdotas de Nueva York, riéndose al recordar un par de situaciones graciosas, ambos hablaban muy cómodamente como si estuvieran flotando en una burbuja de complicidad que nadie podía romper.
Cuando la última botella de soju quedó vacía, Jimin miró hacia la mesa llena de platos vacíos y suspiró.
—Deberíamos lavar esto —dijo, poniéndose de pie.
Jungkook negó con la cabeza de inmediato, levantando una mano en señal de protesta.
—Eres mi invitado, no puedes lavar los platos.
Pero Jimin era igual de terco.
—No pasa nada, Jungkook. Fue una cena increíble, y lo mínimo que puedo hacer es ayudarte.
Tras una breve discusión amistosa, ambos terminaron en la cocina, hombro a hombro, limpiando los restos de su velada. Jimin lavaba los platos mientras Jungkook los secaba, ocasionalmente salpicándose agua como dos niños en un juego.
Cuando terminaron, la cocina estaba impecable, y el ambiente entre ellos se había vuelto aún más ligero. Sin embargo, al mirar el reloj, ambos se dieron cuenta de que ya era muy tarde.
—Creo que es hora de que me vaya —dijo Jimin, algo titubeante, como si no quisiera romper la magia del momento.
Jungkook asintió, aunque en el fondo sentía lo mismo.
—Déjame acompañarte hasta la puerta.
Caminaron juntos hasta la entrada, donde el aire entre ellos se tornó algo más solemne. Jimin se giró hacia Jungkook, con una sonrisa agradecida.
—Gracias por invitarme. Fue una noche increíble.
—Gracias a ti por venir. Sabes que siempre eres bienvenido aquí, ¿verdad?
Jimin asintió suavemente, pero antes de que pudiera responder, Jungkook dio un paso adelante y lo tomó por sorpresa. Lentamente, se inclinó y depositó un beso en su mejilla, su mano descansando suavemente en la cintura de Jimin mientras lo hacía.
El contacto fue breve pero intenso. Jimin sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, su piel se erizó al instante.
Cuando Jungkook se apartó, le dedicó una sonrisa cálida.
—Nos vemos pronto, Jimin.
Con el corazón latiendo con fuerza, Jimin asintió antes de salir del departamento. Al llegar al ascensor, llevó una mano a su mejilla, donde aún podía sentir el calor del beso de Jungkook.
Mientras el ascensor descendía, una pequeña sonrisa se formó en sus labios, y supo que aquella noche no era algo que olvidaría fácilmente.
Por su parte, Jungkook se quedó junto a la puerta, mirando hacia el vacío pero con el corazón rebosante. Aunque la noche había terminado, sentía que algo apenas estaba comenzando.