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La mañana siguiente a la discusión con Hugo, el ambiente entre el grupo es tenso. Aunque intento concentrarme en mis clases, mis pensamientos vuelven una y otra vez a su enfado. Cada vez que lo veo en los pasillos, me siento culpable, pero a la vez sé que lo que pasó con Jace no fue un error. Intento convencerme de que todo mejorará con el tiempo, pero algo me dice que Hugo no va a dejar esto pasar tan fácilmente.

Durante el almuerzo, noto que Emma está más callada de lo normal. Aunque normalmente estaría bromeando o contando alguna anécdota graciosa, hoy parece distraída, y sus ojos vuelven una y otra vez hacia Jace, quien está sentado a unos metros de nosotros, hablando con Carson y Tyler. La sonrisa en su rostro no es la misma que tenía ayer, parece más relajado, incluso despreocupado.

—¿Todo bien, Emma? —le pregunto finalmente, inclinándome hacia ella para que solo nosotras podamos escucharnos.

—Sí, claro. —Se ríe, pero hay algo en su tono que me parece forzado—. Solo estoy cansada, nada más.

No estoy segura de si debería insistir, pero algo en su actitud me inquieta. Grace, que se sienta a mi lado, también lo nota.

—¿Segura? —le pregunta—. Pareces... distraída.

Emma niega con la cabeza, pero sus ojos vuelven rápidamente a Jace. El estómago se me revuelve. ¿Qué está pasando entre ellos?

Más tarde, mientras camino hacia la clase de historia, escucho a Nora y Jace hablando en el pasillo. Me escondo detrás de la puerta, esperando que terminen, pero sus palabras me obligan a escuchar.

—Lo que pasó anoche... fue increíble —dice Nora, en un tono más suave de lo que la he escuchado nunca.

—Sí, lo fue —responde Jace, pero hay algo en su voz que suena diferente, menos sincero. Luego, añade con una risa suave—. Pero ya sabes, esto es solo para divertirnos, ¿verdad?

Mi corazón se detiene. No puedo creer lo que estoy escuchando.

Mi corazón se detiene. No puedo creer lo que estoy escuchando. La confusión se mezcla con una punzada de celos. ¿Realmente estaban juntos? ¿Y qué significaba eso para mí? Justo cuando estoy a punto de salir de mi escondite, escucho un ruido detrás de mí. Me giro y me encuentro con Grace, que me mira con una expresión preocupada.

—¿Qué estás haciendo aquí? —me susurra, acercándose un poco más—. Pareces pálida.

—No... nada —miento, sin poder desviar la mirada de Jace y Nora. Ella sigue mi línea de visión y su expresión cambia a una mezcla de sorpresa y comprensión.

—Oh. ¿Estás escuchando?

Me encogí de hombros, incapaz de articular una respuesta coherente. Quería girar sobre mis talones y huir, pero mis pies están pegados al suelo. Siento que tengo que hacer algo, pero no sé qué.

De repente, la risa de Jace llena el pasillo, una risa que solía iluminar mi día, pero que ahora me suena vacía. Me aferro a mi mochila, sintiendo el peso de la incertidumbre en mi pecho. ¿Cómo podía haber sido tan tonto? ¿Cómo no me di cuenta de que había algo más entre ellos?

Grace, siempre perceptiva, parece leer mis pensamientos. —¿Quieres hablar con él? —pregunta suavemente.

—No sé si quiero —respondo, mi voz apenas un susurro—. Tal vez sea mejor dejarlo.

Ella asiente, pero no parece convencida. Con un gesto, me señala a la esquina del pasillo donde Jace y Nora están charlando animadamente.

—Pero si no le dices cómo te sientes, nunca sabrás.

Las palabras de Grace retumban en mi mente, pero el miedo a perderlo me paraliza. No quiero enfrentar la posibilidad de que Jace se haya alejado de mí.

Gracias al baloncesto | COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora