𝐊𝐎𝐎𝐊𝐓𝐀𝐄 | "Aunque me llegues a odiar, nunca me arrepentiré de haberme casado contigo, mi omega."
Una unión matrimonial arremete a Taehyung cuando se ve forzado a convertirse en el esposo omega de Jeon Jungkook; un alfa dominante y puro que ti...
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"Porque la idea de que no vuelvas me hace olvidar cómo respirar". Axil Moon.
[...]
Deja el celular desechable sobre el mueble. Las campanas de la medianoche comienzan a sonar, y su expresión se oscurece. Cubre sus oídos con la polvosa almohada del motel que pudo pagar. Después de las incesantes campanadas de la iglesia a unos kilómetros, se resigna a observar si Taehyung le ha respondido.
Unos golpes en la puerta lo hacen fruncir el ceño.
"¡Inostranets, oplata byla nepolnoy! [¡Extranjero, el pago estaba incompleto!]".
El acento ruso marcado del anciano recepcionista lo quiebra. Frunce el ceño y observa las vendas largas en la cómoda a su lado. Toma las vendas y las enrolla alrededor de su puño, ajustando la presión.
Cuando abre la puerta, el anciano lo mira fijamente, exasperado, con su rostro arrugado de cansancio. Junho nota el overol con manchas de aceite en los bordes de los bolsillos.
"Oh, viejo, haberme dicho antes" se inclina hacia él, frotándose la barbilla con gesto cansado. El anciano observa la mano vendada, pero no dice nada. "Tengo el dinero dentro, pero como puedes ver, he tenido un accidente en la mano y no puedo sacar el dinero" alza una ceja con una sonrisa torcida. "¿Te importaría ayudarme?".
El anciano lo observa de arriba a abajo, con desconfianza.
"De no ser porque eres el único cliente, no lo haría" murmura el anciano, pasando a la habitación que apenas roza la vida. Ríe con incomodidad y señala con la mano su mochila, que está encima de una barra de cemento junto a unas losas visiblemente oxidadas. Eso le recuerda al anciano que debe pagarle menos a los de mantenimiento.
"Ya lo creo" responde Junho con una sonrisa forzada. Con la mano que no tiene vendada, abre el cierre de su mochila. El contenido suelta un olor fétido que hace que el anciano haga una mueca, pero a regañadientes mete la mano. Un objeto viscoso resbala entre los dedos del anciano, y este se estremece, retrocediendo un poco. Junho lo observa fijamente, esperando. "Estás robándole a tus clientes cuando las habitaciones como esta son un simple asco."
El anciano levanta la mano, saca una cartera llena de papeles que sobresalen y la mira, retrocediendo sin escaparse, cuando Junho cubre su garganta con la venda que tenía puesta.
Eleva el cuerpo lo más que puede hacia arriba. Las puntas de las botas del anciano dejan de moverse, y el golpe se ahoga en las campanadas de la iglesia. De reojo, observa unos pequeños fuegos artificiales cubrir el centro del pueblo, la luz de los destellos reflejándose en su rostro, distorsionada por su expresión de frío cálculo.
Asintiendo para sí mismo, revisa al hombre y saca los pocos billetes de su overol. Los deja sobre la mesa con indiferencia, como si fuera lo único que importara en ese momento.