Capitulo 32

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Anastasia:

Sacudo la cabeza, tratando de enfocarme en lo que tengo enfrente. Me miro en el espejo, asegurándome de que mi vestido esté bien acomodado, y tomo mi bolso antes de salir de la habitación.

Hoy no voy a pensar en él.

Hoy solo voy a tomar café con mis amigas.

Bajo las escaleras con calma, ajustándome el bolso al hombro. El edificio está tranquilo a esta hora, solo se escucha el sonido de mis tacones contra el suelo. Cuando llego al vestíbulo, le sonrío al portero.

-Buenos días, señor Ramírez.

-Buenos días, señorita Anastasia -responde con su tono amable de siempre, inclinando la cabeza levemente.

Empujo la puerta y salgo a la calle. El clima está fresco, con una brisa ligera que mueve las hojas en las aceras. Me gusta caminar. Me ayuda a despejar la mente, a no pensar demasiado en nada en particular.

Pero, por supuesto, la paz no dura demasiado.

El sonido del teléfono rompe el momento.

Lo saco del bolso y veo el nombre en la pantalla.

Papá.

El estómago se me encoge.

Respiro hondo antes de contestar, tratando de que mi voz suene lo más normal posible.

-Hola, papá.

-Anastasia. -Su voz es dura, seca. Nunca usa apodos cariñosos conmigo, nunca ha sido del tipo de padre que se preocupa por hacerme sentir cómoda. Tampoco me pregunta cómo estoy. No es su estilo.- En tres días es el cumpleaños de tu tía Natalia. Espero verte ahí.

No es una invitación. Es una orden.

-Sí, claro -respondo de inmediato, con la espalda tensa.

-No quiero que vuelvas a hacerme quedar en ridículo como la última vez.

Aprieto los labios. Sé exactamente a qué se refiere. En la última reunión familiar, osé llegar quince minutos tarde. Para él, eso fue una humillación. Un insulto.

-No volverá a pasar -murmuro.

-Espero que no. Y procura vestirte apropiadamente. No quiero que parezcas una cualquiera.

Trago saliva, sintiendo la vergüenza calarme los huesos.

-Sí, papá.

-Bien. Te veré en tres días.

Y sin más, cuelga.

Bajo el teléfono lentamente, sintiendo cómo la presión en mi pecho crece. Respiro hondo y sigo caminando. No voy a llorar. No voy a dejar que esto me arruine el día.

Guardo el teléfono en mi bolso y sigo caminando, sin apresurarme.

No lo juzgo. No puedo hacerlo. Sé cómo es mi papá. Sé lo que tiene.

Su trastorno lo hace volátil, impredecible. Un día puede ser frío y distante, y al siguiente, alguien completamente diferente. Más amable. Más cariñoso, incluso. Pero esos días son escasos.

Me acostumbré a eso desde niña. Aprendí a no cuestionarlo, a no enojarme cuando decía cosas hirientes, porque sabía que al final, no podía evitarlo.

Pero entenderlo no lo hace menos doloroso.

Suspiro, cruzando la calle.

A veces me pregunto como sería tener un padre de verdad. Uno que no me hiciera sentir como si siempre estuviera caminando sobre hielo quebradizo.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora