Anastasia:
Mi felicidad se va apenas tres días después, con una llamada de mi padre mientras estoy en mi habitación. Massimo está desparramado sobre mi pequeña cama, completamente dormido después de una sesión de manoseo que terminó alargando su visita mucho más de lo previsto. Observo su desnudes antes de tomar el teléfono y salir de la habitación, cerrando la puerta detrás de mí para no despertarlo.
-Hola, padre -saludo, forzando el tono más animado que soy capaz de fabricar.
-Hija -su tono es gélido, una parte de mi corazón se congela- ¿Tienes alguna excusa para haber tardado tanto en atender al hombre que te dio la vida?
Sí. Mi excusa es que estaba intentando adivinar qué quería de mí esta vez. Estaba mordiéndome las uñas, preguntándome si esta enfadado y si, como tantas otras veces, ha decidido que yo soy el lugar donde descargarlo.
-No hay excusa que valga. Lo siento. No volverá a pasar - Siento un sabor metálico en la boca y, al pasar la lengua por mi labio, descubro que me lo he estado mordiendo hasta hacerlo sangrar-. ¿Necesitas algo?
¿Un corazón?
¿Unas clases para aprender a ser un buen padre?
¿Un psicólogo?
Me guardo las preguntas, junto con todo lo demás que llevo años guardando.
-Necesito a mi hija conmigo. Recuérdame, ¿por qué estás en otro país, sola, cariño? -pregunta con dulzura.
Me siento como si estuviera bajo el agua. Hundida, hundiéndome cada vez más, sin encontrar nada de lo que pueda agarrarme para volver a la superficie.
¿Es este mi fin? ¿Va a obligarme a volver? ¿Es por eso que me está llamando?
-Porque eres un padre ejemplar, que sabe tomar las decisiones correctas por sus hijos -dejo que la ironía se esconda cuidadosamente entre cada palabra- Decidiste que Italia era lo mejor para mí. Yo solo hice lo que me dijiste.
-Lo que sea. En unos días es la boda de una de tus primas. Necesito que estés aquí. Tu familia quiere verte -hace una pausa breve-¿Te acuerdas de que tienes una familia, no?
-Quieres que vaya a Alemania -digo, llevándome una mano al pecho mientras siento los ojos arderme- Quieres que vuelva.
-Jodidamente sí. ¿Tienes la agenda libre?
Estoy en una universidad que exige cada minuto de mi tiempo, con clases, trabajos y obligaciones que no puedo simplemente abandonar como si no existieran. ¿Cómo se supone que voy a viajar a Alemania y dejar todo tirado? ¿Qué voy a decir? ¿Que mi padre me llamó y eso basta para que desaparezca de mi vida durante unos días?
-Mi agenda siempre está libre -consigo responder.
¿Acaso puedo negarme? No. Nunca he tenido realmente la opción de decirle que no.
-Me alegra oír eso -dice, satisfecho -. Te enviaré por mensaje todos los detalles de la boda, el itinerario y tu billete de avión. Asegúrate de estar en el aeropuerto cuando corresponda. Y no pongas esa voz tan apagada, cariño. Vas a volver a casa. Ya has estado lejos suficiente. Unos días no van a matarte. Además, será bueno tener a mi hija de nuevo conmigo, aunque solo sea por un tiempo.
Su tono condescendiente me hace querer arrancarme la piel a pellizcos. Aprieto las uñas contra la palma de mi mano hasta sentir dolor, agradeciendo que al menos exista algo sobre lo que todavía tengo control. Quisiera gritarle que no soy una niña que necesita que le recuerden dónde está su casa, que no quiero volver, que no estoy desanimada: estoy aterrada.
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Bajo tu Dominio [BORRADOR]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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