Cada mirada, cada paso cada palabra. . . Todo aquello que no podía hacer era juzgado. Y lo que lograba no era apreciado. Venía de una persona perfeccionista en donde cada detalle era más que observado.
Ella odiaba las comparaciones, y aunque mi cara era su espejo ella juraba que no éramos para nada parecidos. Su personalidad era totalmente hipócrita, podía fingir que era un angel que no rompe un plato pero era un asco de persona.
Estaba persiguiendo malos recuerdos solo por qué soy un masoquista que no le gusta el dolor, pero necesita pensarlo.
Mi madre ponía sus anillos en los dedos para darme grandes bofetadas en la cara. Los hilos de sangre manchaban mi camisa blanca de algodón y aunque siempre estaba bien vestido y con una grande sonrisa los vidrios se rompían junto a mis mejillas.
Incluso cuando crecí me case con el hombre que amo sigue repitiéndose ese ciclo de odio en mi. Esas palabras molestosas.
"Esas expresiones de perra" como si realmente lo fuera.
