Una celebración digna de una Kardashian, digna de una historia de amor eterna.
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París, Francia. 5:00 p.m. El sol comenzaba a ocultarse sobre la ciudad del amor, pintando el cielo con tonos dorados y rosados. La Torre Eiffel brillaba a lo lejos, como si supiera que ese día no era uno cualquiera. Hoy se celebraba la boda más esperada, más glamorosa, más legendaria... la de Kim Kardashian y tú.
El lugar: un castillo histórico a las afueras de París, con jardines que parecían sacados de un cuento de hadas. Cientos de velas flotaban sobre las fuentes, los pasillos estaban cubiertos de rosas blancas, y una alfombra de cristal guiaba hacia el altar. Las estrellas de Hollywood, la realeza del entretenimiento y las caras más icónicas del mundo estaban allí. Pero todo se desvanecía ante una sola cosa: el amor que unía a ustedes dos.
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TÚ
Te vestías en una suite decorada con cristales y flores suaves. Tu vestido era una obra de arte, diseñado exclusivamente por Maison Valentino y Olivier Rousteing, una mezcla de elegancia clásica con detalles modernos. Elizabeth Olsen, Florence Pugh, Gal Gadot y Kathie te ayudaban, cada una llorando un poco mientras ajustaban tu velo.
-Nunca vi a alguien más hermosa, más lista para amar y ser amada -dijo Florence, con la voz temblorosa.
-Kim va a perder la cabeza cuando te vea entrar, agregó Gal, limpiándose una lágrima.
Te miraste al espejo. Hermosa, fuerte, enamorada. Era tu momento.
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KIM
En otra suite, rodeada de sus hermanas, Kim estaba espectacular. Su vestido era de Balmain, con más de 50 mil cristales bordados a mano, y una capa de encaje que arrastraba más de 4 metros. Estaba embarazada, sí, pero también estaba radiante, poderosa, lista para dar el "sí" más importante de su vida.
-Estás más diosa que nunca, dijo Khloé con una copa de jugo (porque sí, Kim lo prohibió todo... aunque Kris se echó su tequila a escondidas).
-Gracias por hacerme parte de tu historia, dijo Kendall, abrazándola con los ojos llorosos.
Kim solo respondió con una sonrisa mientras sostenía su vientre. -Todo lo que soñé está aquí. Ya quiero verla.
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La ceremonia
Todos se pusieron de pie cuando comenzó a sonar la música. Un cuarteto de cuerdas tocaba una versión celestial de "All of Me" de John Legend, quien por cierto cantaba en vivo.
Primero entraron los niños. North, Saint, Psalm y Chicago. Todos vestidos de blanco, sonriendo orgullosos. North tiraba pétalos, Saint llevaba los anillos, y los más pequeños sostenían un cartel: "Mami y Mami, para siempre."
Y entonces... apareciste tú.
Los invitados contuvieron el aliento. Kim, al verte, rompió en llanto. Era real. Eras tú. Su persona. Su amor. Su hogar.
Te tomaste de las manos con ella frente al altar cubierto de flores blancas y luces tenues.
El discurso de Kim:
-Desde el momento en que entraste a mi vida, supe que no había vuelta atrás. Me enseñaste a amar sin miedo, a sentirme completa, a ser yo misma. Gracias por ser mi refugio, por amar a mis hijos, por amarme incluso cuando no es fácil. Hoy te elijo. Para siempre.
Tu discurso:
-Kim... no solo eres la mujer que amo. Eres la madre de mi familia, la risa en mis días, la calma en mi caos. Te amo por quien eres y por lo que somos juntas. Y prometo nunca dejar de elegirte. En cada vida, te volvería a encontrar.
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El beso. Largo. Apasionado. Aplaudido por todos. Y sellado con fuegos artificiales que iluminaron todo París.
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La fiesta.
El after party fue en el mismo castillo. Actuaciones de Beyoncé, Dua Lipa, y Bad Bunny. Un buffet de chefs con estrellas Michelin, y una pista de baile con un cielo simulado lleno de estrellas.
Kris lloraba. Kourtney bailaba con Travis. Khloé ya quería ser la madrina del bebé. Kylie transmitía en vivo para TikTok (con 20 millones de views). Kendall te abrazaba y decía: -Nunca vi a mi hermana tan feliz. Gracias por amarla así.
Selena y Demi, que habían llegado de sorpresa, bailaban juntas. Sonreían. Sabían que el amor verdadero era real.
Y tú, con Kim entre tus brazos, sabías que todo valía la pena.
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Porque ese día, la ciudad del amor fue testigo de la boda más legendaria del mundo... y del comienzo de una vida eterna a su lado.