EXTRA

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Apoyo el hombro de la puerta y saco la pierna de la bata.

Trago saliva apretando las copas de vino y suspiro, aún no me ha visto, tiene los fijos fijos en un papel frente a su computadora, con una mano sosteniendo la hoja y la otra apoyada en la silla.

Siento como me sonrojo, pero doy el paso y cierro la puerta con mi pie, en cuanto hace el ruido, alza los ojos.

Su mirada miel me recorre de los pies a la cabeza y suelta el papel.

—¿Que estás haciendo? —se quita los lentes.

Me acerco al borde del escritorio y dejo las copas. Le dedico una sonrisa y me volteo para pasar seguro a la puerta.

Toma otra respiración. Quiero hacer algo diferente, nunca hago este tipo de cosas, siempre es por los niños y ahora es porque tuve al bebé, pero quiero mantener la cama caliente, simplemente.

—Ya es muy tarde —me acerco de nuevo —Y pensé que una copa de vino con tu esposa haría bien.

Me siento en el borde del escritorio, y bebo de mi copa montando sus ojos.

—Cualquier cosa contigo me hace bien —recuesta la espalda de la silla.

Le extiendo la copa que traje para él y la acepta. Baja la mirada a la bebida y me siento insegura.

Esperé a que los niños se durmiera para ponerme este conjunto de lencería. Nunca hacía usado uno ¿Le gustará? Lo escogí porque era el más lindo para mí en la tienda.

—¿Los niños están durmiendo?

Bebe el vino de un solo trago.

Bajo mi copa y rodeo el escritorio para acercarme.

—Así es.

—¿Te has sentido mejor?

Asiento y me paro frente a él, con el trasero pegado a los papeles sobre la mesa.

—Si

—Quisiera que él doctor te revisara. —sube su mano por mi rodilla hasta mi cadera, dónde entierra los dedos y fija su vista en mi zona íntima.

—Estoy bien, Fabián.

Me ve a mis ojos cuado pronuncio su nombre.

—Es que después de Alan, temo por tu salud.

—Estoy bien, de verdad —me siento en sus piernas con lentitud.

Pone ambas manos en mi cadera está vez y sube su mirada a mis senos.

—Tan bien que he hecho esto. —digo con las mejillas calientes.

Se queda callado y frunzo el ceño.

—¿No te gusta?

Ahogo un grito cuando se pone de pie conmigo encima y hecha los papeles al suelo. Apoya mi espalda contra la madera y abre mis piernas.

—Estas perfecta.

Solo han pasado cuatro meses desde que dí a luz, tengo grasa en el abdomen y estrías en las caderas, aún no me he desecho de ellas porque estoy amamantando, y quería esperar un poco, espero no decepcionarlo con lo que ve.

—¿Por qué te pusiste eso? —se acerca a mi rostro.

—¿No te gusta?

—Es la cosa más sexy que he visto.

Pega su boca a la mía y roba un suspiro.

—Fabián.

—¿Mm?

Se quita la camisa y los pantalones.

—¿No te molesta que ya no sea como antes?

Baja mi ropa interior y pega sus dedos a mi intimidad. Contengo el gemido repentino que produjo y desvío la mirada de la suya.

No puede ser que aún después de tanto tiempo, siga poniéndome nerviosa, trece años de matrimonio y tres hijos no ha cambiado nada, me gusta Fabián, lo amo y lo anhelo como fue desde el primer día.

—¿Cómo eras antes?

Vuelve a subir a mi boca mientras me estimula.

—Yo... —suspiro —Antes del embarazo, ya no soy la misma.

—Yo tampoco soy el mismo, me convertí en padre de tres, gracias a ti.

Muerde mis labios y sube sus manos por mi estómago.

—Me gusta —dice contra mi boca —Me gusta la textura, me recuerdan que es algo que siempre has querido y que me hace feliz.

Ser madre. Él sabe lo que mucho que significa eso para mí, que mis hijos son mi prioridad.

—Que tienes estás marcas del embarazo, embarazo que yo provoqué, por mi.

Vuelve a besarme y siento como acerca su cadera a la mía.

Y ya con eso quiero ponerme sentimental. Un par de lágrimas se acumulan en mis ojos y las suelto cuando me penetra, duro y fuerte de un solo empujón.

El escritorio se rueda y se alza sobre mi lara tomar el borde y empezar a entrar y salir de mi sin contemplación.

Tomo sus hombros y cierro los ojos apretando mis labios.

Fabián no se detiene, y no se en que momento ha empezado a gruñir contra mis labios. Me besa al tiempo que me hace el amor y me dejo llevar por la rica sensación que le produce a mi cuerpo.

Cuando ambos acabamos se yergue sobre mi y me toma de los brazos para dejarme sentada en el borde del escritorio de nuevo.

Siento gotas de sudor bajar por mi espalda y el cabello pegado a mi cuello.

Bajo la mirada y él me está mirando, con los ojos abiertos y las pupilas dilatas. Desnudo frente a mi, mirándome con amor.

—Gracias.

Río soltando un suspiro.

—Te amo, Grecia.

Me dejó caer en sus brazos y me pongo de ahorcadas sobre mis piernas.

—¿No estarás cansado verdad, esposo?

—Por mi puedes matarme ahora y no haría nada.

Vuelvo a besarlo y me acomodo sobre su virilidad. Cuando lo hago, se tensa y la siento dura entre mis muslos.

Empiezo a subir y bajar sobre ella, siento su calor y textura, para escucharlo gemir.

—Tambien te amo, Fabián.

Me toma de los glúteos y me sienta de golpe. Gimo y me apoyo de sus hombros para salir y entrar con ritmo y fuerza.

Si me preocupaba, lo hice por nada.









Si me preocupaba, lo hice por nada

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Hola. Se me ocurrió esto, y bueno, un extra porque no supero este libro que escribí a mis 15 años jajaja. Lo amo demasiado.

Una Vida a tu Lado [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora