Capitulo Uno (Remake)

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¿Qué significa realmente ser un mal padre?

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¿Qué significa realmente ser un mal padre?

Cuando escuchamos esta pregunta, nuestra mente suele evocar imágenes claras: abuso físico, maltrato psicológico, gritos, insultos, abandono, negligencia… Esas formas evidentes y dolorosas de fallar como figura paterna. Sin embargo, ¿es esa la única forma de ser un mal padre? ¿Cómo cambia esa definición en un mundo hostil, impredecible, donde lo normal ya no es lo humano ni lo seguro?

En este extraño universo, nos encontramos con dos figuras centrales que encarnan distintas facetas de la paternidad: Spreen y su hijo, Ramón. Spreen, sin duda, es quien más llama la atención. Un ser tan imponente como contradictorio: un híbrido de oso negro, con un aspecto descuidado, cabello negro enmarañado, siempre cubriendo sus ojos con lentes de sol oscuros, como si quisiera ocultar más de lo que muestra. Sus colmillos afilados sobresalen al hablar, mientras las cicatrices de cortes y quemaduras. Viste una camisa de manga larga negra, sobre la que lleva otra azul verdoso con un diseño de cuadros blancos y negros en las mangas. Sus pantalones cortos, apenas hasta las rodillas, y sus botas negras embarradas.

A su lado camina Ramón, una figura que parece sacada de otro mundo, uno más tierno y esperanzador. Un niño pequeño, adorable, de cabello castaño, ojos oscuros llenos de curiosidad y una inconfundible inocencia. Lleva un pequeño bigote decorativo que hace aún más entrañable su apariencia. Viste una camisa blanca, un chaleco marrón, pantalones cortos negros y unos tenis oscuros que no han perdido su brillo. Es curioso, inteligente, y tiene una pasión incansable por construir, descubrir y aprender. En él aún vive la luz.

Spreen, en cambio, es una figura dura, sarcástica, malhablada, a veces brutal en su trato. Es fácil juzgarlo. Para todos los que lo rodean, es el arquetipo del mal padre. ¿Cómo podría un ser tan frío y severo cuidar del corazón de un niño tan frágil? No tolera errores en los entrenamientos, no responde a los abrazos ni a los “te quiero” que Ramón le ofrece con ingenuidad. Su amor, si es que existe, parece enterrado en lo más profundo de su ser.

En el otro extremo está Fit, el segundo padre de Ramón. Él sí encarna lo que la mayoría considera un "buen padre". Amoroso, paciente, protector. Atiende las necesidades de su hijo con ternura, le brinda apoyo y comprensión. Es quien recoge los pedazos cuando Spreen hiere sin querer (o queriendo). Es quien equilibra la balanza, quien representa lo que Spreen no puede —o no sabe— ser.

Y sin embargo, la historia no se detiene en la superficie. Porque, ¿acaso no merece Spreen ser escuchado también? ¿Quién ha preguntado qué ocurre dentro de su mente? ¿Qué pensamientos bullen bajo ese ceño fruncido y esa voz rasposa? ¿Qué siente cuando aparta la mirada de Ramón? ¿Acaso se odia por no poder abrazarlo? ¿Por no saber cómo amarlo sin destruirlo?

Tal vez Spreen no sea el monstruo que todos ven, sino un padre roto en un mundo que también lo está. Tal vez su manera de proteger a Ramón no es la ideal, pero es la única que conoce. Y tal vez, solo tal vez, la pregunta correcta no sea si es un mal padre, sino: ¿Qué se necesita para ser un buen padre en un mundo donde lo normal ha dejado de existir?

Un mundo peligroso donde nunca puedes bajar la guardia. Aquí, un simple viaje por el bosque puede ser lo último que hagas. Zombis hambrientos te esperan para devorarte, arañas gigantes están listas para envolverte en sus telarañas, creepers se acercan en silencio para hacerte volar en pedazos, y animales salvajes acechan desde las sombras, deseando arrancarte las tripas.

En este lugar tan hostil, hay alguien que ya lo ha visto todo: Spreen. Nadie en Isla Quesadilla conoce mejor los peligros que él. No solo sabe cómo enfrentarlos, sino que los ha vivido muchas veces antes. Para él, sobrevivir aquí es casi fácil. Después de todo lo que ha pasado en otras islas, esto le parece casi como unas vacaciones.

Spreen no desprecia a los débiles, pero sí se decepciona. Le cuesta entender cómo alguien puede vivir tranquilo, sabiendo que en cualquier momento puede morir y no está haciendo nada para evitarlo. En un mundo así, no prepararse es casi lo mismo que rendirse. Por eso, está decidido a que su hijo Ramón no termine muerto por no saber defenderse. Él lo entrenará, lo preparará, lo hará fuerte. Porque no hay nada más humillante que morir de forma inútil frente a una bestia, sin haber tenido siquiera una oportunidad.

Y cuando Ramón esté listo, cuando pueda valerse por sí mismo, ya no será responsabilidad de Spreen. Él habrá hecho su parte. Porque en este mundo no hay lugar para los frágiles. Aquí sobreviven los que aprenden, los que pelean, los que no se rinden. Los que escalan en la cadena y logran evitar su destino final.

Hola, estoy intentando que la historia ya no tome el rumbo de romance que se tenía antes, si no que se muestre algo más crudo y realista de un mundo realista en el qsmp, donde sobrevivir es lo primero en lo que se tiene que pensar

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Hola, estoy intentando que la historia ya no tome el rumbo de romance que se tenía antes, si no que se muestre algo más crudo y realista de un mundo realista en el qsmp, donde sobrevivir es lo primero en lo que se tiene que pensar.

Ya no veremos a un Spreen justificado por su pasado y sumiso, veremos un Spreen crudo y brutal en su manera de actuar, probablemente traumatizando a Ramon de más en el proceso de su redención.

Los traumas afectaran a Ramon en su forma de actuar, tal vez volviendolo todo lo contrario a lo que es realmente, porque será la única forma de defenderse.

Besos en el poto muak muak

Bad Father|Spreen QsmpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora