XXII

368 30 8
                                        

CAPÍTULO 22"Porque el rencor pesa más que la culpa misma"

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

CAPÍTULO 22
"Porque el rencor pesa más que la culpa misma"



       La llegada al spawn fue lenta. Se sentía expuesto, casi desnudo sin su armadura y sus herramientas. Roier y Cellbit se habían encargado personalmente de quitarle hasta el último objeto de valor que llevaba encima; no querían riesgos, y sabían que dejar a Spreen armado era darle vía libre para que cometiera una locura que arruinara todo. A lo lejos, la figura de Cucurucho recortaba el horizonte. Esa máscara blanca, siempre estática y carente de cualquier rastro de humanidad, hacía que la sangre de Spreen hirviera con un rencor que nacía desde lo más profundo. El hombre de la Federación no dijo nada al verlo llegar, simplemente lo escaneó de arriba a abajo, deteniéndose en su aspecto vulnerable y derrotado.

—¿Así es como me mirás? —soltó Spreen con una risa seca, cargada de desprecio.

No esperó respuesta. Sacó el diario polvoriento que escondía entre sus ropas y lo arrojó al suelo, justo en medio de los dos. El impacto levantó una pequeña nube de tierra. Cucurucho, con movimientos mecánicos, dio un paso al frente dispuesto a recogerlo, pero el peli negro fue más rápido y plantó la bota sobre el cuero desgastado del libro, impidiéndole tomarlo.

—¿Qué crees que haces? —preguntó Cucurucho. Su voz era plana, pero el tono llevaba una amenaza implícita que habría hecho retroceder a cualquiera.

Spreen no se inmutó. Se agachó para sujetar el diario con una mano, pero manteniéndolo fuera del alcance del otro.

—¿Querés el diario? Bueno, dame lo que te pedí y listo —murmuró entre dientes, clavándole la mirada—Yo no soy ningún boludo, no te voy a dar lo único que tengo a cambio de nada después de todo este quilombo.

El peli blanco ladeó la cabeza, observándolo en un silencio que pareció eterno. De repente, con un movimiento fluido, sacó una pistola y le apuntó directamente al entrecejo. Spreen, lejos de acobardarse, soltó una sonrisa satisfecha al ver que finalmente había logrado sacarlo de su pasividad. Abrió el diario con brusquedad, hundiendo los dedos en las páginas amarillentas, arrugándolas y dejándolas a un milímetro de ser arrancadas.

—Esto es lo que vos estás causando. Si cumplís tu parte, entonces no hay más bardo—ofreció Spreen, manteniendo la sonrisa mientras sus dedos apretaban el papel con fuerza.

—No creas que eres mejor por esto, Spreen —comenzó Cucurucho, su voz resonando con una frialdad cortante—¿No te parece gracioso? Abandonaste a tu hijo, le causaste traumas que cargó siempre y ahora pretendes jugar al salvador que quiere recuperarlo. Eres solo un hipócrita intentando limpiar sus pecados con más sangre. Ni el más desquiciado de este lugar logrará quitarte tu puesto en el infierno.

Bad Father|Spreen QsmpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora