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"Amistad"
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"Amistad"•----------------|•°🌸°•|----------------

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Temporada 1 Episodio 2
La Desastrosa Vida De Saiki K.

Mis ojos vagaron por las presentes en el lugar. Pude reconocer a algunas cuantas chicas en la clase.

La del cabello naranja tostado con un cintillo rosa era Yumehara Chiyo. Estaba a la distancia, gesticulando con entusiasmo mientras hablaba con una chica más alta, de coletas rojizas y una risa tan fuerte que se escuchaba hasta donde yo estaba. Mera Chisato. No había duda. Esa energía era exactamente igual a como la había visto en pantalla.

Porque sí. A todas ellas las había visto antes. En otro mundo. En una pantalla. No en carne y hueso.

Pero nada fue tan extraño como ver a Teruhashi Kokomi.

Perfecta. Literalmente. Desde la forma en que caminaba, como si la luz se acomodara para que le diera justo donde tenía que brillar, hasta la manera sutil en la que la rodeaban varias compañeras. Ninguna lo decía abiertamente, pero la admiraban. Lo noté en sus posturas, en cómo se acercaban a ella y como la miraban, como si fueran deslumbradas por un ángel.

Yo solo la había visto en episodios, su voz doblada y subtitulada.
Ahora estaba a cinco pasos de distancia.
Y respiraba.

No sé cómo explicarlo. Era como si hubieras crecido viendo un documental de animales y de repente, en una excursión, te encontrases cara a cara con un leopardo. Hermoso, claro. Pero también tan fuera de lugar que te hacía preguntarte si estabas soñando.

Me quedé allí, medio escondida tras una columna, apretando el borde de mi camiseta.

— ¡Hoy toca salto de cuerda! —

Anunció la profesora de educación física. Tomábamos la clase separadas de los hombres, era extraño para mí ya que en mi mundo todos toman la clase juntos. Un murmullo se esparció por las alumnas como un incendio controlado.

Cuerdas.
Pero no cuerdas normales.
Cuerdas de guerra.

— ¿Salto de cuerda...? —

Susurre, mirando las cuerdas gruesas y pesadas que sacaban del almacén. No eran las delgadas que usaba en primaria. Eran cuerdas para detener un tren o anclar un barco.

O atar un kraken.

Algunas chicas las sacaban del almacén con entusiasmo. Como si esto fuera una actividad divertida.

Una por una, las chicas iban pasando al centro. La cuerda giraba y saltaban. Algunas parecían bailar. Otras parecían luchar contra entidades invisibles. Una se enredó tan perfectamente que parecía un tamal humano.

— ¡Araki-chan, tu turno! —

Gritó una voz.

Me acerqué, no por valentía, sino porque quedarme en el fondo fingiendo una lesión en el tobillo ya no era creíble.

Uno. Dos. Tres...

Veinte.

Veintisiete.

Treinta y ocho.

Seguí saltando. Por alguna razón mi cuerpo recordaba esto. Como si tuviera en la memoria muscular los recreos de primaria.

Cuarenta y ocho.

Me detuve. Aplausos. Gritos. Una chica incluso agitó los brazos como si yo acabara de salvar una aldea.

— Solo... jugaba mucho de chica. —

Dije apenas recobrando la respiración.

— ¡Entonces eres nuestra líder de salto triple!

Yumehara gritó a la distancia mientras movía exageradamente los brazos.

— ¿Perdón, de qué?

Demasiado tarde.

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Nos dividimos en grupos. Dos chicas giraban la cuerda. El resto debía saltar al mismo ritmo. La teoría era buena. La práctica... no tanto.

Mi equipo consista en Yumehara Chiyo y Chisato Mera. Personajes secundarios pero importantes de la serie.

— ¡Vamos! ¡Cuando grite "¡ya!", todas entramos! —

Ordenó Yumehara.

— ¿Y si alguien tropieza? —

Preguntó Mera.

— Caemos juntas. —

Replicó Yumehara, con gran dramatismo. Yo me mantuve callada.

Suspiré.
Este era mi destino.
Aceptarlo era lo único que podía hacer.

— ¡YA! —

Entramos.

Una. Dos. Tres...

Yumehara gritaba "¡UNIDAD!" con cada salto, como si estuviéramos en un campo de entrenamiento militar.

En el octavo salto, alguien tropezó.
En el noveno, nos convertimos en una pila humana.
En el décimo, alguien (creo que yo) gritó "¡Aaaagh!" de forma nada decente.

Hubo cinco segundos de silencio... y luego una carcajada colectiva.

Muchas risas, incluso yo reí. Un poco. No porque fuera gracioso (lo fue), sino porque por alguna razón se sintió bien.

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Eran los últimos minutos de clase, todas las chicas nos tiramos sobre la hierba del gimnasio. El cielo estaba nublado, pero tranquilo.

Yo me estiraba, recuperando el aliento. Las chicas se acercaron.

— ¡Eres buenísima en esto! —

Dijo Yumehara, con una sonrisa radiante.

— Gracias, ustedes también. —

Respondí, les sonreí con ligereza mientras mis orbes vagaban entre ambas chicas.

— No nos presentamos. Ella es Yumehara Chiyo, yo soy Mera Chisato. —

— Araki Mitsuki. —

Me presente, a pesar de que lo había hecho el día anterior.

— ¿Te sientas con nosotras mañana?

Asentí con un leve gesto.

— Está bien. —

Mi voz sonó más suave de lo que esperaba.

Miré el cielo otra vez. No supe cómo había terminado aquí. En esta escuela. En este mundo. Entre estas personas.

Pero por primera vez en mucho tiempo...

...no me sentí fuera de lugar.

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Realidad Equivocada || Saiki KHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora