flor 8

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Un Año, Dos Vidas y el Aroma a Miedo

El beso había sido un ancla. Una vez en la cama, el agotamiento de Law era palpable. Luffy lo sostuvo mientras Law se despojaba de su ropa quirúrgica manchada y se deslizaba bajo las sábanas, aferrándose al cuerpo de su esposo como a un salvavidas. El azabache menor solo pudo acurrucarse contra él, la suavidad de su pijama y la calidez de su piel contrastando con la rigidez de los músculos tensos de Law.

—Duerme, Torao. Yo cuido de ti —susurró Luffy, besando la nuca de su esposo.

Law, sin abrir los ojos, solo logró emitir un gruñido bajo, pero su agarre se relajó levemente. Luffy supo que había cruzado esa línea entre el médico diligente que hacía su servicio y el hombre que cargaba con el peso de una responsabilidad mucho más oscura y silenciosa. La preocupación por el trabajo de hospital de Law siempre era un velo protector; Law se aseguraba de que Luffy solo viera el estrés de la medicina. Y Luffy, por su parte, elegía creer en ese cuento.

A la mañana siguiente, Law despertó y los encontró. Lin y Len se habían arrastrado de su cuna hasta la cama, uno a cada lado de Luffy. Lin usaba el pecho de Luffy como almohada, y Len se había acurrucado en el hueco de la rodilla de su padre. Luffy, por supuesto, dormía con esa paz despreocupada que Law tanto envidiaba y tanto protegía. Verlos así, tres vidas enteras, inocentes y dependientes de él, era su único motor y su única debilidad.

Sus ojos, sin embargo, se entrecerraron. El pensamiento que lo había acosado anoche regresó. Sanji. El cocinero era demasiado atento, demasiado familiar, siempre alrededor. Law no dudaba de Luffy, jamás, pero desconfiaba del mundo entero. Y Sanji era el único hombre que podía ver y hablar con Luffy a diario, sin tener que pasar por tres filtros de seguridad y una revisión de antecedentes. Ese idiota se cree un protector, pensó Law con un matiz frío. Mi esposo está a salvo. Está en mi casa. Está conmigo. Si alguien va a cuidarlo, soy yo. Si Sanji se acerca demasiado a ese límite, tendré que recordarle su lugar. Law odiaba esa parte de sí mismo, esa posesividad asfixiante, pero era la única manera que conocía para mantener la única felicidad genuina que tenía en este mundo de sombras y cuchillos. Se levantó con sumo cuidado, besó la frente de Luffy y se fue a preparar para su otra jornada.

La sede Corp era de cristal y acero, fría y monolítica, un reflejo perfecto de su heredero. Law, vestido con un traje de tres piezas tan afilado como sus bisturíes, entró a su oficina. El ambiente era de eficiencia implacable.

—Shachi —llamó Law, sin levantar la vista de unos documentos.

Shachi, su asistente y un miembro clave de su círculo de confianza, entró inmediatamente.

—Señor Trafalgar
—¿El informe de la 'auditoría'? —Law usó la palabra clave, refiriéndose a la cacería del traidor que había arruinado el trato de Tailandia.

—La 'auditoría' ha confirmado las sospechas iniciales. El individuo tuvo acceso a los códigos de la bóveda digital, señor. Específicamente, a los archivos clasificados. Los que contienen... bueno, la información familiar, no solo la corporativa.

Law sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado. Se recostó en su sillón, entrelazando sus dedos bajo su barbilla.

—Sé específico.

—El traidor, un subalterno llamado Kizaru, no solo tenía acceso a los planes de negocios y rutas de suministro. También descargó información sobre las propiedades personales, nombres de asociados cercanos, y... sí. Los detalles de su residencia privada y el archivo de protección de su familia, señor. Incluye nombres, ubicaciones y rutinas.

El rostro de Law permaneció impasible, pero por dentro, la furia se encendió como un incendio forestal. Luffy. Lin. Len. Eran su punto ciego, y el traidor acababa de apuntar a él.

—Kizaru. Localícenlo. Quiero que se haga de forma silenciosa y definitiva. No quiero que sepa que sabemos que él sabe. Y activa el Protocolo C.
—El Protocolo C... ¿el de aislamiento total de la familia?
—Sí. Nadie entra, nadie sale, salvo por Bepo y Penguin. Es hora de poner a prueba la seguridad del búnker. Que nadie toque a mi familia.

El Refugio de la Cafetería

Mientras Law lidiaba con el peso de la traición y la amenaza, Luffy disfrutaba de su día en el café. El olor a granos tostados, canela y el dulce aroma del pastel de manzana recién horneado llenaba la casa. Lin y Len dormían la siesta en su corral, el sonido de las campanitas de la música de cuna apenas audible sobre el murmullo de los clientes.

Sanji limpiaba la barra con movimientos precisos, y por un momento, se quedó en silencio mirando a Luffy, quien reía con una clienta.

—Luffy —dijo Sanji, encendiendo un cigarrillo.
—¿Mmh? ¿Qué pasa, Sanji? —preguntó Luffy, terminando de servir un café.

—Pasa que tu esposo llegó a las cuatro de la mañana, de nuevo. Y esa historia de que 'está terminando su servicio' ya no me cuadra. Law es el heredero de Trafalgar. ¿Por qué sigue con guardias o servicios tan demandantes? Debería estar en una oficina, no exhausto.

Luffy suspiró, pero su sonrisa se mantuvo.

—Sanji, no seas paranoico. A él le gusta la medicina, de verdad. Y sí, es el heredero, pero dice que quiere ganarse su lugar, no solo heredarlo. Es su forma de ser. Además, sabes que le gusta ayudar a la gente.
—Y también sabes que no duerme bien. Lo vi en tus ojos cuando me dijiste que venía en camino. Estás preocupado. Además, dime la verdad: ¿cuántos de los "guardaespaldas" que trae tu esposo son realmente de la compañía y cuántos son... otra cosa? Parecen agentes de seguridad privada de alto riesgo.

Luffy se encogió de hombros con una risa nerviosa.

—Siempre tan dramático, Sanji. Son seguridad de la compañía, Law es un hombre importante, es normal. Además, son muy buenos con Lin y Len. ¿Quieres que te traiga un pedazo de pastel?

Sanji entendió la maniobra de desvío. Dejó caer las cenizas en el cenicero y solo pudo gruñir.

—Bien. Pero si alguna vez te sientes inseguro, si ese "servicio" es demasiado, o si Law no te dice algo, dímelo a mí. Sabes que puedes confiar en mí más que en nadie.
—Lo sé, Sanji. Y confío en Law. Pero gracias. Eres un buen amigo —respondió Luffy, sintiendo, a pesar de su fe en Law, un pequeño nudo en el estómago. ¿Demasiado drama, Sanji? ¿O demasiada verdad?

El Protocolo C

De vuelta en Trafalgar Corp, Law cerró su llamada con Shachi con una orden clara y sin ambigüedades.

—Kizaru está en la mira. Pero antes, hay algo más urgente.

Law tomó el teléfono de seguridad y marcó un número interno.
—Bepo. Tienes cinco minutos para llegar a la residencia. Activa el Protocolo C. Nadie debe entrar o salir. Y necesito que revises el sistema de vigilancia.
—Señor, ¿qué ocurre? —la voz de Bepo era tensa.
—Ocurre que el traidor no solo tiene los códigos, sino la dirección de la escuela de Lin y Len. Y el mapa de seguridad que te di, Bepo, también está en sus manos.

Un silencio helado recorrió la línea.

—¿Y Luffy-ya?
—Luffy está en casa. Es un riesgo que no podemos correr. No te muevas de ahí. Asegura a mi familia. Yo voy en camino.

Law se levantó de su silla, su rostro una máscara de fría determinación. La oficina, el traje, el título de heredero... todo se desvaneció. Solo quedaba el Law asesino, el protector. El hombre que haría lo que fuera necesario para que sus hijos pudieran seguir pintando con sus manos y su esposo pudiera seguir durmiendo plácidamente con el olor a café. El enemigo había cruzado la línea y ahora sabría lo que significaba enfrentar al Cirujano de la Muerte. Salió de la oficina a paso rápido, dejando tras de sí un rastro de tensión mortal. El fin de la tregua había llegado a la puerta de su casa.

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⏰ Última actualización: Oct 23, 2025 ⏰

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