¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Sao Paulo / Brasil 10 de marzo - 2:43 pm
Me quedé sentado en la orilla del mueble, con el corazón martilleando contra las costillas como si acabara de correr los 90 minutos en la cancha. Pasé mis manos por la cara, esperando sentir el rastro de los besos de mi madre o el olor al perfume de Majo, pero solo encontré el frío sudor de una siesta pesada.
— ¿10 de marzo de 2024? —susurré, con la voz quebrada.
Miré a mi alrededor. No había medalla de oro colgada en la pared, ni el eco de la historia bonita que creí haber vivido. Solo el desorden de mi apartamento con Endrick en el calor de sao paulo y la urgencia de un entrenamiento que no daba espera.
— ¡MUEVASE, RICHARD! —el grito de Endrick desde el pasillo me sacó del trance.
Me levanté a trompicones y caminé hacia el espejo del baño. Me quedé mirando fijamente mis propios ojos. Ese futuro... esa hija que cargué en mis brazos, ese gol que sentí en el empeine del pie izquierdo, esa mirada de la mujer que amaba... se sentía demasiado real para ser solo una mala jugada del subconsciente.
— "Salgamos" —repetí, recordando la última frase del sueño.
Me lavé la cara con agua helada, intentando borrar la imagen de la Copa del Mundo de mi cabeza. Salí del apartamento y me subí al carro, donde Endrick ya estaba perdiendo la paciencia tamborileando el volante.
— ¿Qué le pasó, parcero? Parece que vio un fantasma —dijo él, arrancando el auto.
— Peor, Endrick. Vi el futuro... y ahora no sé cómo volver a él —respondí mirando por la ventana, viendo las calles de Brasil pasar como un borrón.
Saqué mi celular. Busqué su chat, no habia una conversacion desde el 2021. No había una "V" dedicada, ni fotos de una bebé, ni una vida compartida. Solo un historial vacío o quizás apenas un par de palabras cortas. Me quedé con el dedo suspendido sobre la pantalla, dudando.
— ¿Sabes qué? —le dije a Endrick, mientras una sonrisa pequeña y decidida empezaba a asomarse en mi cara—. La Copa puede esperar un par de años. Pero lo demás... lo demás empieza hoy.
Desbloqueé el teléfono y, con el pulso todavía un poco tembloroso, escribí esa palabra que en mi sueño lo había cambiado todo. Sin miedo al éxito, sin mirar atrás.
"¿Oe Majo cuando vaya a Colombia quiere que "Salgamos"?"
Le di a enviar. Quizás el destino no se cumple durmiendo, sino atreviéndose a dar el primer pase. El Mundial de 2026 todavía estaba lejos, pero mi verdadera final acababa de pitar el inicio.
[...]
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Medellín / Colombia 10 de marzo - 12:43 pm
El calor de la tarde en Colombia no daba tregua. Yo estaba sumergida en mis cosas, con el ventilador a toda marcha y el celular tirado sobre la cama, ignorándolo por completo para intentar concentrarme. Mi vida aquí seguía su curso normal: las secciones de foto, las salidas con las amigas de siempre y ese sentimiento constante de que los días pasaban en un bucle eterno.
De repente, la pantalla se iluminó. Un "ding" corto, pero suficiente para sacarme de mis pensamientos.
Estiré la mano sin mucho afán, pensando que sería algún grupo de WhatsApp mandando memes o un recordatorio de clase. Pero cuando vi el nombre en la notificación, el corazón me dio un vuelco que sentí hasta en los pies.
Richardrios.m : ¿Oe Majo cuando vaya a Colombia quiere que "Salgamos"?
Me quedé congelada, sentada en la orilla de la cama. Releí la frase unas cinco veces. No era un "hola", ni un "¿cómo estás?", era una invitación directa, bien al estilo de él, con esa confianza que siempre me desarmaba a pesar de la distancia.Apesar de todo el tiempo que tenia sin saber de Richard sentí que las cosas por fin podían tener sentido
Me levanté y empecé a caminar de un lado a otro por la habitación. ¿Salgamos? Así, ¿sin más?
Miré por la ventana. Afuera, la vida seguía: el vendedor de aguacates pasando por la calle, el ruido de las motos, lo cotidiano. Y de repente, ese mensaje abría una grieta en mi realidad. Richard estaba allá, brillando, siendo el "Cinturiña" que todo el mundo admiraba, y yo aquí, siendo simplemente Majo.
Sentí una mezcla de nervios y una alegría boba que intenté disimular frente al espejo. Me vi ahí: despeinada, con la camiseta vieja que usaba para estar en casa, y no pude evitar reírme sola.
— ¿Este hombre de verdad sabe lo que está causando? —susurré.
Me senté de nuevo y agarré el celular. El cursor parpadeaba, esperando. Podía ser prudente, decirle que "claro, vemos cuando llegues", o podía ser yo misma. Recordé su sonrisa, la forma en que bromeaba y esa seguridad que tenía hasta para caminar en la cancha.
Si él se atrevía a lanzar la pregunta desde otro país, yo no me iba a quedar atrás.
El corazón me latía a mil por hora mientras escribía la respuesta. Sabía que ese "Salgamos" no era solo una invitación a comer algo o a dar una vuelta por ahí. Se sentía como el inicio de algo que, aunque ahora me diera miedo, no quería perderme por nada del mundo.
"Hágale, pues. Pero vea que me tiene que cumplir, ¿no?"
Bloqueé el celular, lo apreté contra mi pecho y suspiré. Colombia seguía siendo la misma, pero de repente, el aire se sentía distinto. El destino acababa de tirar los dados, y yo estaba más que lista para jugar.
[...]
Queria darles un pequeño extra como regalo por todo el apoyo que le han dado a la historia, de verdad muchas gracias y recuerden que todo comienza con un "salgamos"