𝗔𝗡𝗧𝗘𝗦 𝗗𝗘 𝗧𝗜 | ❛❛funcionó la ley de atracción cuando cruzamos la mirada. tú te negabas al amor y ahora te tengo enamorado.❜❜
donde benja se cansa de ser la segunda
opción de julián y decide que merece algo mejor.
o
donde leo se enamora de aq...
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La luz del sol se entraba por las cortinas, bañando la habitación con un tono cálido y tranquilo. Afuera se escuchaban algunos pajaritos y el ruido de los motores de algunos coches y motos.
Benjamín abrió los ojos con pereza, sin ganas de nada. Durante unos segundos se quedó mirando el techo, intentando recordar dónde estaba, hasta que una voz somnolienta a su lado lo hizo sonreír.
—¿Ya estás despierto...? —murmuró Leo, todavía con los ojos cerrados.
—Hace un ratito.
El mayor bostezo y se acomodó mejor sobre la almohada, para poder mirar al piloto.
—No me quiero levantar.
—Eso no lo dice el capitán de la Selección. —Benjamin arqueo una ceja, con una ligera sonrisa divertida.
Leo soltó una pequeña risita.
—El capitán también tiene derecho a dormir cinco minutos más.
Benja sonrió y se quedó en silencio unos segundos, mirandolo. Hacía tiempo que no veía a Leo tan relajado. Sin entrevistas, sin entrenamientos esa mañana, sin cámaras apuntándolo.
Solo él.
—¿En qué pensás? —preguntó Leo al notar que lo miraba.
Benja dudó un momento antes de responder.
—En todo lo que se viene.
La sonrisa de Leo se volvió más serena.
No hacía falta preguntar a qué se refería.
El Mundial.
El siguiente partido estaba cada vez más cerca.
—¿Te da miedo? —preguntó Benja con sinceridad.
Leo tardó algunos segundos en contestar.
—Un poco, sí. —Miró hacia la ventana antes de continuar.— No por jugar. Eso siempre me hizo feliz. Lo que pesa son las expectativas... la gente, los sueños de todo un país. A veces siento que todos esperan que haga algo imposible.
Benjamín bajó la mirada, entendiendo perfectamente a lo que se refería. A veces, él sentía lo mismo. No era sencillo ser piloto de Ferrari cuando a veces la misma Scuderia parecía no apoyarlo.
—Pero nunca estuviste solo.
El jugador giró la cabeza, mirandolo.
—¿Sabés qué aprendí con los años?
—¿Qué cosa? —Pregunto Benja, con verdadera curiosidad.
—Que no puedo controlar el resultado. Solo puedo salir a la cancha y dejar todo. Lo demás... pasa.
—Y si no se da...
Leo sonrió con suavidad.—Entonces volvemos a intentarlo. Pero quiero irme sabiendo que di todo lo que tenía para dar.
Hubo un pequeño silencio, y Benjamín respiró profundo antes de hablar.
—Yo creo que este año es distinto. —Musito.
Leo alzo una ceja.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Y por qué?
Benja soltó una risita. No lo sabía, era una punzada en su pecho que le decía que ese año, ese Mundial sería diferente.
—No sé... es una sensación. Cuando hablás del grupo, de Scaloni, de los chicos... se nota algo diferente. Se los ve unidos.
Leo bajó la mirada con una sonrisa leve. Era exactamente cómo Benja lo estaba diciendo, había algo diferente en esos pibes. Era un grupo que podía parecer un curso en un viaje de egresados de secundaria, pero que cuando debían serlo, eran serios.
—Eso sí es verdad. —El jugador recordó tantas concentraciones, tantas generaciones distintas.— Este grupo... se cuida mucho. Nos divertimos, nos apoyamos. Y pase lo que pase, estoy orgulloso de compartir cancha con ellos.
Benja estiro la mano y entrelazó sus dedos con los del mayor.
—Entonces disfrutalo.
Leo lo miró con los ojos brillosos.
—Disfrutá cada entrenamiento, Leo, cada partido. Porque esos momentos también quedan.
El capitán apretó suavemente su mano con ternura.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque cuando todo el mundo habla del Mundial... vos sos el único que primero me pregunta cómo estoy.
Benjamín sonrío, una de esas sonrisas genuinas que podían iluminar una habitación completa.
—Porque antes que el capitán está Lionel.
Los ojos de Leo brillaron con un cariño imposible de esconder.
—Y eso no cambia aunque gane o pierda.
—Nunca.
En ese momento, del otro lado de la puerta se escuchó la voz infantil de Ciro:
—¡Papá! ¡Mamá dice que el desayuno ya está, y que traigas a Benja!
Los dos adultos se miraron y soltaron una pequeña carcajada.
—Nos encontró —dijo Benja.
—Siempre nos encuentran.
Leo se incorporó de la cama y, antes de levantarse por completo, apoyó la frente contra la de Benjamín durante un instante, y le dió un pequeño beso en los labios.
—Vamos.
—Vamos.
Bajaron las escaleras entre risas, sintiendo el aroma del café recién hecho y las voces de Antonela, Thiago, Mateo y Ciro llenando el lugar.
Porque, al final, había cosas más grandes que un partido.
Los trofeos podían llenar estantes.
Los récords podían escribirse en los libros de historia.
Pero eran esos desayunos, esas conversaciones tranquilas y esas personas que caminaban a tu lado las que convertían una vida en algo verdaderamente inolvidable.
Y mientras el futuro esperaba con el desafío más grande de todos, aquella mañana solo existía la calma de un nuevo día... y la esperanza de que, pasara lo que pasara en ese Mundial, los recuerdos que estaban construyendo juntos ya eran una victoria.
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