Capítulo I : Recuerdos de la realidad

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Octubre - 12 - 2012

Era yo un joven de trece años, cuando entre a secundaria. Pensé que nada cambiaría, que mi vida sería la misma monótona realidad que las demás personas detestan, con la cual vivía y estaba conforme.

Los primeros meses en el politécnico todo era relativamente normal, clases de literatura, matemáticas, historia, la educación artística que no enseña nada en las escuelas públicas, para concluir, todo lo que constituye la educación formal de este país. Con el tiempo empecé a notar que cada día a la misma hora el aire se tornaba frío y el silencio cubría todo los pasillos, no otorgue importancia a esto, puesto que era algo escéptico. A cabo de un tiempo se divulgaron rumores sobre una estudiante de tercer año se había quitado la vida en uno de los baños de la escuela, las personas que afirmaban esto contaban como los profesores la acosaban constantemente haciendo que llegara a la histeria, otros aseguraban que eran puras patrañas de personas sin escrúpulos, yo no la conocí o vi algo de eso, así que opte por no creer estas historias.

Al salir de la escuela a diario me sentía raro y experimentaba una extraña sensación de futuras pesadumbres. No tenía idea de lo que pasaría o de la forma inigualable en que mi vida cambio en esta escuela.

Cuando al fin llegaron las vacaciones de ese año, luego de esos complicados exámenes tenía planeadas las mejores vacaciones de mi vida hasta entonces, iría de campamento con los boys scout, bajaríamos a rapel las montañas del campo, todo cerca de un espléndido río, mas, esas vacaciones enfermé de manera grave después del primer mes y todo lo planeado se arruinó. Al encontrarme yacente en la cama de un hospital, con tan solo la novela de un autor desconocido y la melancolía del cantante Arjona algo dentro de mi añoraba estar en la escuela, tan fuerte era tal deseo que comenzó a volverse necesidad, sentía como si parte se encontrara en el politécnico.

Pasadas las vacaciones, inició el segundo año, aula nueva, nuevos compañeros, donde conocí a Ronald quien es la persona más enigmática que he conocido, era el más joven del curso de unos diez años, a pesar de que aparentaba ser ordinario guardaba muchos secretos y conocimiento sobre fenómenos paranormales y ocultismo, conocimientos que no compartiría con nadie excepto conmigo. Con todo y esto era reconocido en toda la escuela por su carisma y empatía, su aspecto físico era algo rechoncho y de tez oscura. Lo veía como el simple niño regordete que le agradaba a todos, hasta que un día se acercó a mí hablando de cosas esotéricas e interesantes, desde entonces se sentaba a mi lado en la clase y siempre llevaba un libro distinto cada vez más inusual sobre criaturas místicas, planos astrales y demás. Después de esto nos hicimos grandes amigos. Éramos él, yo y el extraño Starlin que hablaba de alienígenas que entran en el planeta y cosas de esas de lo cuales ya no estoy seguro que sean solo mitos. Ronald me habló de cosas ocultas, de misterios y supersticiones. En principios lo tomé como un juego, una manera de pasar el tiempo leyendo, viendo películas, documentales y debatir temas en línea junto a mi único amigo.

Un día, le pregunté a Ronald -¿Cómo sabes tanto de estas cosas?

-No ¿cómo?, sino ¿por qué? Deberías preguntar y aun así no respondería, solo aprende que tu vida dependerá de ello. – Respondió con una sonrisa algo perturbante.

No me atreví a preguntarle otra vez, ya que me asuste un poco. Ese mismo año conocí una chica, Lizbeth. Lizbeth de ojos marrones que engrandecían su ternura, cabellos castaños y rizados y poseedora de una enorme sonrisa cautivadora, toda su existencia estaba llena de bondad y amor.

Me enamore profundamente de ella y le demostré mi amor de mil maneras aún sin ser correspondido, su benevolente corazón se había entregado a alguien más en nuestro mismo curso, seguí deseando su amor en silencio por mucho tiempo, en mis cuadernos de dibujos y en mi desahuciado corazón, es triste y a la vez me mueve el pecho recordar el amor que sentí por ese maravilloso ser, suspiro al recordar, como cada día en mis sueños ella siempre estaba presente.

Diario de un TaylorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora