Ya ni siquiera lloras. Sientes él dolor, pero te quedas ahí, sufriendo y con la mirada perdida. No te quedan fuerzas ni ganas para seguir.
Ya ni siquiera lloras. Sientes él dolor, pero te quedas ahí, sufriendo y con la mirada perdida. No te quedan fuerzas ni ganas para seguir.
Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora