🌓Capítulo 16 - Primer lugar, últimas verdades

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I

Lauren abrió sus ojos poco a poco, encontrándose con los de la chica que acababa de besarla. Camila aún los tenía cerrados, y eso, en el fondo, le alegraba. El calor de ese instante todavía estaba suspendido entre ambas.

Cuando Camila trató de separarse, Lauren no soltó su cintura. La miró con ternura, regalándole una sonrisa. El silencio se hizo presente, uno de esos que se sienten más como un abrazo que como una pausa incómoda. Pero todo lo que comienza tiene que terminar.

—¡CAMREN ES REAL, MARICAS! —se escuchó un grito a lo lejos, provocando que ambas comenzaran a reír.

—Dinah… —dijeron al mismo tiempo, como si el nombre fuera un código compartido.

Caminaron juntas. Camila, con un nerviosismo que trataba de ocultar, acariciaba la mano de Lauren con su pulgar, un gesto tan pequeño que quemaba.

—¿Entonces…? —intentó romper el hielo Lauren.

—Iremos a buscar polerón y luego te iré a dejar a tu cabaña, como acordamos—respondió Camila como si nada, esquivando cualquier definición.

La ojiverde entendió que esa conversación no llegaría más lejos por ahora. La acompañó hasta la entrada de su cabaña.

—No es necesario que me acompañes a la mía, estoy segura de que no me perderé, nos vemos al rato, si quieres claro — Se acercó a ella y dejó un beso en su frente antes de irse.

Camila asintió y se quedó parada en la puerta hasta que la silueta de la chica desapareció.

Al llegar a su cabaña se dejó caer sobre la cama, algunos pensamientos respecto a la reacción de Camila la invadieron pero luego la sonrisa le brotó sola: se habían besado… y le había encantado.

—Cierra la boca, Lolo —bromeó Vero al entrar—. Se cortó la luz, pero ya se arregló. ¿Dónde estabas?

Lauren, todavía con la sonrisa, se sentó y sostuvo la medalla recién ganada. Le contó todo a Verónica, que la escuchó con una mezcla de sorpresa y triunfo.

—¡Yo sabía! —exclamó Vero—. ¡Sabía que esto pasaría!

Más tarde, como cada noche desde el inicio del campamento, Lauren salió al pasto. Camila ya estaba ahí, mirando un punto fijo en la nada.

—¿He llegado tarde? —preguntó Lauren.

—No… yo he llegado antes —contestó sin mirarla.

—Si no quieres hablar hoy, lo entiendo.

—Solo… no quiero que mi arrebato arruine nuestra amistad. Yo no te convengo.

—¿Me estás diciendo que no me apegue a ti?

—Ajá. Si quieres, podemos ser un momento, pero no más que eso.

Lauren no discutió. Simplemente la besó con necesidad. Camila se aferró a su cuello como si fuera la única gravedad posible.

—No tenemos que ponernos una etiqueta, con querernos, es suficiente para mí —susurró Lauren.

Camila cerró los ojos. Lauren le provocaba una plenitud que asustaba, una calidez peligrosa, una chispa de emoción bajo su máscara bien creada para ocultarse. Cómo una punzada en medio de ese calor, un recuerdo la golpeó.

Caminaba con su madre en el pavimento tratando de evitar algunos rayos de sol inteso. Cuando adelante de ellas pasaron dos chicas tomadas de la mano, riéndose, ajenas totalmente a las miradas de desprecio que las abordaban. Verlas se sintió como un momento luminoso, casi tierno hasta que su madre frunció el ceño y mascullo con desdén.

"Sentencia"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora