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Segundo día en el campo de batalla. Ha muerto cuatro hombres de nuestro bando. Todavía no he disparado a nadie, y por una parte me alegro, porque no sé cómo me sentiría en ese momento. Pero por otra parte me siento un cobarde por no haber tenido agallas para defender a Tom, ahora por mi culpa está muerto.
Están a punto de disparar a Mauro. Levanto la pesada arma y visualiza el objetivo. ¡Pum! -Disparo-.
La bala llego a la cabeza del hombre, que grito antes de derrumbarse en la arena.
Ese grito me llevo al momento del accidente. <Daniel>, el recuerdo de la última vez que dijo mi nombre.
Voy corriendo a un escondite más seguro. Pero en esa corta distancia me da una bala. Siento cómo va perforando lenta pero también rápidamente mi piel. Una fuerte quemazón inunda mi pecho. Llega al corazón, y noto la sangre cayendo. Me siento mareado, y caigo al suelo.

Abro cómo puedo me es pesados párpados. La humedad perfora mi cuerpo. Solo veo niebla, pero de pronto aparece ella, y una cegadora luz lo inunda todo.

Solo Un DisparoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora