Capitulo 1

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Dicen que contar los problemas que uno guarda en su interior logra, "sanar", en mi caso, aún no creo que haya sido exactamente lo que sucedió. Aún duele, y mucho. Suelen decir que el tiempo cierra heridas, pues, para mi sorpresa, el maldito tiempo no tuvo efecto en mí, y es gracioso el pensar, que aunque yo les haya dicho a la mayoría, que había superado todo, hoy siga escribiendo de la misma mierda que siempre.

A lo largo de mis cortos 16 años, he logrado descubrir algo magnifico. La belleza, sí lo es todo. Y otra cosa muy interesante por descubrir en mi lista, es, ¿Los adolescentes en serio sufrimos tanto? Es decir, ¿Por qué rayos todo el tiempo que tardamos en madurar, en mi caso, la pasamos tan malditamente mal? No es justo. Simplemente no es justo. ¿Saben...? hay una canción hermosa, realmente hermosa, que dice lo siguiente "Aprende a volar con alas rotas" y es justamente lo que yo no pude hacer...

Sin embargo voy a contarte a ti, el caos de lo que hoy podemos llamar "Mi vida"

Mi nombre es Heather, tengo 16 años, y pues, antes de contarles quien soy, me gustaría contarles quien no soy.

No soy la típica chica popular, que tiene todo resuelto, que sale a las fiestas, que tiene amigos. No soy buena hija. No soy buena hermana. No soy buena estudiante. No suelo gustarles a los chicos. No suelo gustarle a nadie.

Es gracioso que alguien como yo, pueda tener la idea en mente de que todavía, a pesar de las ruinas, pueda salir adelante. Todo comenzó el primer día de secundaria... Mamá me despertó 6:59 A.M. solía decirme que no es nada bonito llegar tarde a tu primera clase, y tengo que decirles que matemáticas a primera hora del día, te dan infinitas ganas de llegar 365 días tarde.

-Vamos cariño, ya es hora –Mamá corría las cortinas para que la molesta luz del día entrase a sacudirme por la ventana. –Tengo tu desayuno casi listo, créeme que te encantará.

-Mamá no crees que es algo, no lo sé, ¿¡Demasiado temprano para levantarme!? –Volví a cubrirme la cabeza con la manta.

Realmente no me interesaba lo temprano que era, sino, el miedo que me causaba pensar que tendría que volver a ser la nueva en la secundaria Helmort.

-Ya Heather, tienes que levantarte cariño, hoy será un día grandioso para ti, te lo aseguro. –Ya quisieras mamita. –Mamá. El horario de entrada es a las 9:00. Puedo dormir un poco más.

-No lo creo –Dijo parándose con ambas manos en la cintura. Mamá tenía 38 años, ella en verdad que era guapa, yo claramente no había salido a ella. Era muy sociable, y no se avergonzaba de casi nada, tenía el pelo rubio y demasiados rizos diría yo. Sus ojos eran de un azul marino y a pesar de sus 38, el peso de los años aún no caía sobre ella. Su cuerpo se mantenía, aunque sus arrugas a los costados de sus ojos, daban a relucir lo que ya conocía de la vida.

-Está bien. –Refunfuñé. A muy pocas ganas logré salir de la cama, quise entrar en el baño, pero Brady se adelantó.

10 minutos después, Brady salió del baño, ya duchado, y con una toalla atada a la cintura. Tengo que admitir que aunque la mente diminuta de Brady estropeaba gran parte de él, si era guapo, tenía unos ojos celestes que hubieran hecho que cualquier chica cayera perdida en ellos, un cuerpo tonificado, no a lo exagerado, pero lo normal para un chico de 19 años. Su pelo era de un marrón oscuro, y lacio. Si en otra vida yo hubiera nacido chico, yo hubiera querido ser Brady, lo envidiaba en todo aspecto. Él era guapo, popular, y toda chica moría por estar con él. Brady ya había ingresado a la universidad, y estaba estudiando para reportero en deportes. No era un muy buen hermano mayor que digamos.

No lo miré y cerré la puerta del baño.


El mundo de HeatherDonde viven las historias. Descúbrelo ahora