Un pequeño problema

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Salto y me resbalo en el suelo del baño, salgo rápidamente y cojo la primera camiseta y el primer pantalón que pillo. Sin ni siquiera parar a secarme me los pongo y me calzo. Cojo la pistola y salgo de la habitación, la gente grita de un lado hacia otro.

—¡Todos a sus habitaciones! ¡Esto no es un simulacro!

Grito mientras camino abriéndome paso entre la gente. Llego a la habitación de Mónica y la encuentro con todas sus amigas con cara de susto.

—Meteos en el baño y no salgáis, cerrad con el tranco.— No se mueven del sitio. Levanto un poco el tono de voz—. ¿No habéis entendido? ¿Lo digo más claro?

Asienten y corren hacia el baño. Cierro de un portazo, el pasillo se ha despejado un poco pero aún quedan un par de personas confusas andando sin un rumbo claro. Encuentro a Stefan dando indicaciones y le cojo del brazo.

—¿Qué pasa? ¿Cuál es el problema?

—¡No lo sé! ¿Vale? ¡No sé todo lo que pasa en este puto refugio todo el tiempo! ¡Pero te quieres calmar!

Suspiro, ya estoy acostumbrado a que se ponga así en momentos de estrés. Le arrastro por los pasillos buscando a alguien que sepa algo. En la zona de los dormitorios todo parece estar tranquilo así que subimos a los comedores. Seguimos sin encontrar a nadie y eso me preocupa bastante, me refiero a guardas como nosotros, me alegro de no encontrar a nadie desorientado.

—Oye, vete a las cocinas de la parte izquierda y yo voy a las salas de la derecha y a buscar al director.

Le susurro y asiente. Voy rápido hacia la primera puerta, la del gimnasio. Abro la puerta pero no entro, antes me aseguro de que no haya nadie en el interior. Al principio me resultaba divertido (a la vez que me daba un miedo terrible), hacerlo como los policías en las series de televisión, ahora desearía no hacerlo nunca. Entro del todo y no hay nadie, una máquina de correr está encendida y hay varias pesas por el suelo. Suspiro y voy a la siguiente, la cafetería. Me asomo y veo a alguien con la mitad del cuerpo metido en la nevera. Lo primero que pienso es en dispararle, pero antes de eso entro y grito, para que sepa que estoy aquí. Se gira y preparo mi arma para disparar. Por suerte veo la cara regordita de Esther, una científica que aún está aprendiendo.

—¡Joder Esther, que susto me has dado!— Entre sus brazos tiene bastantes bolsas de comida, ni siquiera yo podría llevar tantas, y eso que soy más grande.

—Ay ay, lo siento cielo, ya sabes que cuando me pongo nerviosa como, no puedo pararlo.— Le acaricio el pelo con delicadeza y le miro duramente.

—Ya sabes que estar por aquí es peligroso cuando suena la alarma, anda, vete a tu cuarto— suspira y pone cara triste mientras comienza a irse.

—Vale, oh, y que sepas que estás muy sexy con la camiseta mojada.

Suelta una risita y la veo desaparecer por la puerta. Reviso detrás de la barra y tampoco veo nada. Antes de ir a la siguiente puerta apago una tostadora y cierro la puerta de la nevera, lo que menos necesitamos es un incendio. Llego al despacho, hay una lámpara tirada al lado de un conducto de ventilación, parece que la tapa ha sido arrancada. Preparo mi arma y entro en silencio, parece que no hay nadie. Llego al conducto y lo reviso, un par de marcas de garras pero no mucho más. Al ponerme de puntillas para ver mejor el conducto oigo un ruido a mi espalda, me giro al momento y noto como el escritorio central se mueve levemente. Cuando me acerco y me agacho descubro al director del refugio agachado con los brazos sobre la cabeza.

—Hombre, señor director, ¿qué tal anda? Hace un día precioso, ¿eh?

—Deja las bromas y ve a por el monstruo ese. —Sale de su escritorio y se alisa la camisa con las manos, mientras, yo ya estoy llegando a la puerta.

—No son monstruos, fueron personas y que estén así es nuestra culpa—. No espero que me responda y salgo hacia el comedor, Stefan me está esperando apoyado en una mesa. Llego a su lado y le doy una palmada en la espalda—. ¿Has visto algo?

—No, esto me da muy mala espina, vamos a los laboratorios.

Subimos las escaleras y llegamos al invernadero central. Cinco guardas se encuentran alrededor de una puerta grande, creo que lleva al laboratorio de biotecnología. El más pequeño de ellos, Peter, con 12 años, nos hace un gesto de silencio con la mano y señala a la puerta. El mayor de todos hace un par de gestos y cuatro guardas junto a Stefan entran en el laboratorio. Yo agarro a Peter y le digo que me explique.

—Evan para, tengo que entrar, quiero verlo— susurra, yo ruedo los ojos y después le miro enfadado—. Vale, vale. Es de nivel tres, le hemos acorralado aquí, es el único laboratorio con una única puerta, llevamos un rato sin oír ningún ruido.

Serán imbéciles, ya deberían saber que hay un conducto de ventilación que va directamente de aquí a la enfermería. Arrastro a Peter y él suelta un quejido, pongo mi dedo en los labios y se calla al instante. Cuando llegamos a la puerta noto como se sorprende al oír ruido en su interior. Abro las puertas de par en par y el ruido cesa, ordeno a Peter que vaya detrás de mí mientras busco cualquier cosa que se mueva. Llegamos al centro de la sala cuando oigo una puerta cerrarse y un disparo. Me giro y veo a Peter en el suelo con el hunter mordiéndole el brazo con el que agarraba la pistola. Apunto rápidamente y disparo, pero solo logro darle en un brazo. Se gira hacia mí mientras se prepara para saltar, yo intento moverme hacia atrás pero me tropiezo y caigo. Para cuando me doy cuenta de que estoy en el suelo noto un fuerte dolor en mi pierna y veo como me la está mordiendo, suelto un grito y le disparo a la cabeza. Su cuerpo cae a un lado y todo acaba. Suspiro y echo la pistola a un lado.


HUNTERDonde viven las historias. Descúbrelo ahora