Un día tenía que ir al centro, así que fui lo más rápido que pude, y de regreso encontré a la chica que me dejo la nota en el café, venía de pantalón de mezclilla entubado y una sudadera que le quedaba grande de Peanut Butter amarilla, me acerqué pero no demasiado, me volteó a ver.
-¡Hola!-
-Hola.-
-¿Eres el chico del café, verdad?-
-Sí, soy yo.-
-Rachael.- Y extendió su mano para estrecharla con la mía.
-Kevin.- Toqué su mano, una mano pequeña suave con las uñas negras, no sé porque lo vi de esa manera pero era la mano más linda que había visto.
-¡Mucho gusto Kevin! Espero que vallas al café de nuevo y nos encontremos.-
-Sí, voy muy seguido.- Dije con una sonrisa.
-Me voy, esos patos no se alimentaran sólos. Adiós.-
-Sí, hasta pronto Rachael.-Llegué a casa, subí a mi alcoba, prendí el radio y sonó la canción de Artic Monkeys I Wanna be yours, una canción única.
Me acosté en la cama, miré hacía la nada, no deje de pensar en ella, que loco, es como si se metiera en mi mente y no quiere salir, esa chica está loca.
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