Creepypasta 39.- Lucy.

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Por  fin habíamos llegado. La cabaña se veía vieja y gastada. Al parecer la  humedad y las termitas se habían encargado de mantenerla fea con los  años.

— Me gusta. —Dijo Lucy mientras abría la puerta del auto. 

Al  escuchar sus palabras y ver la expresión en su rostro pude sentirme  seguro. Mis piernas temblaban esperando escuchar algo como: 

"Pero en qué diablos nos has metido Robert". 

Bajé  del auto y pude sentir el cambio en el aire. Mis pulmones se sintieron  complacidos al respirar el aire del bosque — Tan diferente del que hay  en la ciudad—. Introduje la llave y empujé la puerta, esta rechinó al  ser abierta. 

— Solo tú y yo Robert, por los próximos tres días. —Dijo Lucy entusiasmada mientras entrábamos a la casa. 

Por  dentro era sin duda más bonita de lo que parecía por fuera. Tenía todo  lo esencial; una cocina, tres habitaciones y una sala con chimenea. Todo  con un toque de rústica elegancia. 

Lucy  corría por toda la casa, observando cada rincón, saltando de alegría.  No podía creer que después de un viaje tan largo tuviera aún tanta  energía. 

— ¡Mira Robert! —Gritó Lucy. 

— ¿Qué pasa? —Respondí yendo a la cocina. 

Pegada en el refrigerador estaba una nota. 

"Queridos  amigos. Por favor siéntanse como en su casa y disfruten de su fin de  semana. He dejado un pequeño regalo dentro del refrigerador, espero que  les guste.

ATT: Su amigo Mike". 

Lucy abrió la puertilla y sacó una botella de Champagne. 

— Cortesía del buen Mike. —Dijo mientras buscaba un sacacorchos entre los cajones. 

Nos servimos un poco, brindamos y subimos a la habitación. 

— Me encanta este lugar Robert...Me encanta todo, excepto los animales en las paredes. 

—  Oh Lucy, ni siquiera son reales, son solo baratas imitaciones. —Dije  mientras tocaba su cálido cuerpo por debajo de las sábanas. 

— No lo sé...igual no me gustan. 

— Si quieres podemos quitarlos mientras estamos aquí. 

— Eso sería grandioso. —Dijo mientras me seguía el juego bajo las sábanas. 

Estábamos tan cansados que sin darnos cuenta nuestros cuerpos cedieron y caímos profundamente en el sueño. 

— ¡No! ¡No! —Gritaba Lucy en medio de la noche, arrancándome de mis sueños 

— ¡Por favor lárgate! ¡No! 

Corrí  y encendí la luz, no había nada, excepto mi bella novia sentada en la  cama, con los ojos completamente abiertos, temblaba y su frente colaba  sudor. Me miró y corrió hacia mis brazos. 

— ¡Robert! —Dijo hundiendo su cabeza en mi pecho, podía sentir cómo sus lágrimas se filtraban por mi camisa 

— Tenemos que irnos de aquí Robert...Tenemos que irnos. 

— ¿Qué sucede? —Pregunté confundido. 

—  Ella regresó Robert...Regresó y me quiere de vuelta. —Sus palabras solo  me confundieron más, ¿Irnos? ¿acaso se había vuelto loca? ¿De qué  demonios habla? 

— ¿Quién regreso, Lucy? 

Sus ojos se secaron, me soltó y camino hacia la cama, se tapó hasta el cuello y se durmió. Los ojos se me entrecerraban. 

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