Su momento (one-shot)

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Los de Osaka llevaban en Kyoto unos días debido a una excursión con el instituto. Aquel era su último día y, para su suerte, les habían dejado tiempo libre. Kazuha junto con sus amigas tenían planeado asistir a un festival, al cual habían acordado ir con kimono. La joven, que se lo había olvidado en casa, pudo conseguir uno de su pariente de Kyoto. Era rojo con pétalos rosas de Sakura, tan parecido al que se puso de pequeña que casi ni se lo podía creer. Siempre le había gustado aquel kimono, no sólo porque fuese bonito, sino porque por aquella vez se había hermosa, más de lo que se había sentido jamás. Había crecido escuchando cómo debía ser una perfecta chica japonesa y su mejor amigo se encargaba diariamente de recordarle que no lo era. Aquel año, hacía ya una década, era el único recuerdo que conservaba en el cual se había sentido una princesa. A veces, incluso, se preguntaba qué había pasado a lo largo de su crecimiento para acabar siendo un 'marichico'.

Hacia las ocho, tras vestirse y haber guardado las maletas en el bus,las chicas pusieron rumbo al festival. Allí fueron pasando de un puestecillo a otro, sin parar en ningún momento de reír. Al rato, se unieron a un grupo de chicos de su clase, el de Heiji, sin embargo el moreno no estaba presente. Le dijeron que el joven detective se había marchado un minuto antes de encontrarlas diciendo que se sentía mal. Preocupada, la aikidoka se despidió y trató de alcanzar a su amigo.

- ¡Heiji! ¡Heiji!-le llamó a gritos en la multitud.

Cuando estaba a punto de rendirse, notó cómo alguien le golpeaba detrás de la cabeza suavemente. Se giró mosqueda para encontrarse con el moreno, que sonreía complacido el muy cretino.

- Aho, para ya de gritar, molestas a la gente.

- Tú eres el aho, aho-contestó- ¡además de que me preocupo, me golpeas!

- ¿Y eso?

- Kouta me ha dicho que no te sentías bien.

- ¡Oh! La verdad es que quería caminar un rato, sin tanto ruido-dijo mientras echaba a andar.

La joven se limitó a seguirle. Comenzó a contarle una divertida anécdota pero Heiji estaba ausente, en su cabeza sólo tenía sitio para un pensamiento: cómo y cuándo se confesaría a la chica que tenía al lado. Kudo se había declarado por todo lo alto: en Londres y con una gran frase; y él se negaba a ser menos. Su orgullo no se lo permitía. Aunque en el fondo sabía que aquello, en parte, era una escusa. Él sospechaba que su amiga le correspondía, pero temía que estuviese malinterpretándola por sus propias ganas de que fuese así.

Entretanto, Kazuha se había dado cuenta de que el chico no le estaba prestando atención asique decidió callarse y sumirse en sus propios pensamientos. ¿Estaría siendo una molestia? Heiji había mencionado que quería un poco de tranquilidad.

No pasó mucho cuando llegaron al templo. Al ver los floridos Sakuras, Heiji miró a Kazuha. Fue entonces cuando se percató que su amiga iba vestida casi igual que la primera vez que estuvieron allí: un kimono de estampa parecido, el pelo recogido en dos coletas y maquillada. Agradeció que la chica no se diese cuenta que estaba embobado observándola.

- Nee, Heiji-empezó de repente- ¿No deberías aprovechar para visitar a la bailarina? Ya sabes, a tu primer amor.

La joven no encontraba la fuerza necesaria para mirarle, si lo hacía no podría ocultar su dolor con una sonrisa como había hecho hasta el momento. No hoy. Tenía un día sensible, de esos que -vete tú a saber por qué- sientes una pesadumbre inevitable, estás más sensible y todo te irrita.

Hattori, por su parte, no podía sentirse más feliz. Aquella era la oportunidad perfecta. Pensaba explicarle que ella era su primer amor y confesarse en aquel lugar tan especial para él. No era Londres ni París, no. Pero era especial para ellos y eso le bastaba. Más aún viendo cómo estaba ella vestida. Era... romántico, de película.

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