Prólogo

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Tenía que haber intuido que aquella mañana iba a ser diferente. Pero no lo hice. Tenía que haberme puesto los zapatos, para bajar a desayunar. Pero no lo hice. Tenía que haber ido hacia meses al peluquero. Pero tampoco lo hice. Tenía que haber supuesto que aquella carta con membrete iba dirigida a mi padre. Pero lo obvie completamente. No tenía que haberla abierto. Pero lo hice igualmente. No tenía que haberla leído. Pero cuando me quise dar cuenta ya la había terminado. No tenía que haber mentido tan descaradamente a Ebander para que me acompañase hasta Hong Kong. Pero lo hice con premeditación y alevosía. No tenía por qué ponerme aquel traje De Bohr carísimo para asistir a aquella subasta. Pero me encapriché locamente. No tenía por qué haber cogido el jet privado de mi padre. Pero no pude resistirme.

Tal vez tenía que haber intuido que aquella mañana iba a ser diferente. Tal vez tendría que haberme puesto los zapatos, y así no me hubiese tropezado con la alfombra, frente al recibidor, cuando bajé corriendo a desayunar. Tal vez no me hubiese dado cuenta antes que tenía que haber ido al peluquero si no me hubiese reflejado en la bandeja de plata donde estaban las cartas. Tal vez hubiese visto esa misma carta, y sabiendo que iba dirigida a mi padre la hubiese abierto del mismo modo. Tal vez no me hubiese importado leerla aunque no fuese dirigida hacia mí. Tal vez hubiese mentido de la misma forma descarada a Ebander, y él aun sabiéndolo, me hubiese seguido el juego. Tal vez si no me hubiese empeñado en ponerme el traje De Bohr que estaba en la tintorería, nos hubiese dado tiempo a coger un vuelo en primera hacia Hong Kong. Tal vez entonces no tendríamos que haber cogido el avión privado de mi padre. Tal vez, y solo tal vez, hubiésemos llegado pronto, y no hubiese reparado en ellos.

Tal vez y por solo un capricho del destino, él hubiese entablado conversación con otro y le hubiese cedido el asiento de su lado. Pero supongo, que aunque no hubiese madrugado aquella mañana, que aunque no me hubiese tropezado, que aunque no hubiese abierto la carta, que aunque no me hubiese encaprichado en ponerme aquel traje, que aunque no hubiese viajado en el jet a Hong Kong...él me hubiera encontrado.

Antes o después nuestras miradas se hubiesen encontrado en un café de París, antes o después él me hubiese dedicado una sonrisa en un bar de Viena, antes o después me habría chocado con él caminado por Manhattan, antes o después me habría visto en un palco observándole completamente absorto, mientras se movía envuelto en su burbuja de luz tocando una maravillosa pieza clásica en un teatro de Londres.

Antes o después él me hubiese encontrado. Antes o después él se habría dado cuenta de que era yo aquel mismo muchacho que le perseguía en cada concierto. Antes o después él me habría arrastrado a su mundo. Antes o después habría sucumbido a sus encantos. Antes o después le habría suplicado por su sangre. Antes o después me convertiría en el mismo cazador que él.


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