Capitulo 4

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Desde ese día comenzamos a ser más cercanos, hablábamos mucho, nos contábamos nuestras cosas, salíamos, etc. Pero aun con toda la confianza que teníamos el Naiko nunca me había contado el por qué iba al hospital tantas veces, ni el por qué siempre que estaba solo tenía aquella mirada llena de tristeza.

Esa era una de las dudas que me carcomia por dentro, llegados a este punto no podía soportar saber que tenia una enfermedad terminal o algo parecido. En este momento sentía que el Naiko ya era una parte fundamental de mi vida, siendo solo amigos.

No sabía cuales eran mis sentimientos respecto a él, ya que yo siempre me he considerado heterosexual pero cuando estaba con él me sentía distinto que cuando estaba con el Jaime, el Nico, el Bestia o el Yelo, aparte de eso nunca había sentido tanto miedo de perder a alguien como lo siento por él , pero supongo que ha de ser el temor de perder a cualquier buen amigo.

Estas dudas últimamente me pasaban atormentando antes de dormirme ¿El Naiko estará enfermo realmente? ¿Por qué no me cuenta? ¿Que siento por ...

No alcancé a completar mi ultimo pensamiento porque el sueño me ganó.

Al otro día hice mi rutina de todas las mañanas y me dirigí al paradero feliz ya que podría ver al Naiko en la micro. Luego de una no muy larga espera subí a la micro, pero lamentablemente el Naiko no estaba, algo que me extrañaba porque generalmente siempre me lo encontraba.

En fin, lo podría ver en la universidad.

Minutos después ya me encontraba en la cafeteria de la U con el Jaime y el Nico, hablábamos de cualquier estupidez que se nos viniera a la mente.

-Entonces me vengué de la vieja- dijo el Nico que no estaba contando algo que le había pasado en el metro- de puro picado le tire 4 peos, hediondos, pero hediondos- seguía contando el Nico.

Los tres nos empezamos a reír como enfermos por harto rato, hasta que vimos que ya era hora de entrar a clase.

El Naiko aun no llegaba, tal vez se había quedado dormido, o se atrasó. Pensé en esas posibilidades bastante rato, pero a medida que avanzaba la hora y el seguía sin aparecer me comenzaba a preocupar. Nuevamente aquellos pensamientos que me atormentaban por las noches volvieron a aparecer.

¿Y si le paso algo?
¿Y si esta enfermo?

No quería pensar en eso, me hacía preocuparme demasiado, después de todo todos pueden faltar un día por un resfriado o algo común.

El día transcurrió demasiado lento para mi gusto, y cuando al fin era la hora de irse me fui lo mas rápido que pude a mi casa, sin antes despedirme de los chiquillos.

Ya en mi habitación marqué reiteradas veces el numero del Naiko, pero ninguna me contestó.

Tal vez solo esta ocupado.

Comenzaba a preocuparme cada vez más, le mandé muchos mensajes pero no hubo respuesta.

¿Y si le paso algo?

Estuve mucho rato con esa pregunta dándome vueltas, hasta que un grito proveniente del piso de abajo me distrajo.

-Hijo, a comer- gritó mi mamá

Bajé y me senté a comer en silencio, no estaba de muy buen animo.

-¿Estas bien? Te noto preocupado

-Eh, si- mentí

-Edgar, te conozco, puedes contarme- dijo mi mamá mientras me acariciaba la mano.

-Es el Naiko, me tiene preocupado- le conté todo, lo del hospital, su mirada triste, que no me contestaba, todo.

Mi mamá me dijo que probablemente no era lo que creía y que tenía que relajarme, pero simplemente no podía, no sabiendo que a lo mejor le había pasado algo.

Ya era de noche y lo llamé nuevamente.

El pitido sonó tres veces antes de que se escuchara una temblorosa voz del Naiko pronunciando mi nombre.

El chico del autobus//EdNaikoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora