CREAM
La mansión Rose comenzaba a despertar mucho antes que el resto de la ciudad.
Cuando el cielo todavía conservaba aquella tonalidad azul grisácea que precedía al amanecer, las primeras lámparas de gas ya ardían en los corredores. Su luz temblorosa se reflejaba sobre los espejos dorados y hacía que los retratos familiares parecieran observar en silencio a quienes atravesaban los pasillos.
Afuera, una fina neblina cubría los jardines.
Las rosas trepaban por las paredes de piedra de la residencia y las gotas de rocío se acumulaban sobre sus pétalos como diminutas cuentas de cristal. Más allá de los jardines se extendían los terrenos de la propiedad, delimitados por una enorme verja de hierro negro cuyo diseño recordaba a las espinas de una corona.
Era una residencia digna de una duquesa, elegante, imponente y, para quien conociera sus secretos, también perfectamente preparada para una guerra.
Y yo conocía esos secretos.
Mi nombre era Cream, ante la sociedad, era simplemente la dama de compañía de Lady Amelia Rose. Una joven educada, discreta y de modales impecables, encargada de acompañar a la duquesa durante sus compromisos sociales.
Pero aquella era solamente la mitad de mi vida, la otra mitad permanecía oculta detrás de los guantes blancos, las sonrisas corteses y las reverencias.
Yo pertenecía a la guardia de la familia Rose, mi verdadero deber era proteger y encubrir a Amy.
Aunque, algunas veces, protegerla significaba ayudarla a esconderse de quienes pretendían protegerla con intensiones ocultas debido a su estatus en la burguesía, porque Lady Amelia Rose jamás había sido una duquesa convencional.
Había heredado el título cuando apenas era más joven, mientras otras damitas de su edad aprendían música, bordado y poesía, Amy aprendía a reconocer una amenaza antes de que esta pronunciara una palabra.
Aprendió a observar, a escuchar, desconfiar y a combatir.
Durante sus viajes por alta mar comenzó a utilizar otro nombre, un nombre que se convirtió en un susurro entre los puertos. Cuando su ausencia era necesaria para el comercio de la casa Rose, se recibían noticias muy ambiguas
Lady Vendetta.
vengativa de la justicia, los relatos sobre ella cambiaban dependiendo de quién los contara, algunos aseguraban que era una asesina, otros, que era una justiciera.
Los más supersticiosos decían que no era más bien, un espectro que aparecía cuando alguien había cometido una atrocidad.
Yo sabía la verdad, o al menos, creía conocerla, porque cuando Amy regresaba a la mansión, dejaba todo aquello detrás. Se convertía nuevamente en Lady Rose.
Dulce, tímida, educada, con aquella sonrisa que parecía incapaz de hacer daño.
Pero había momentos...
Momentos en los que algo despertaba detrás de sus ojos y es cuando aquella dulce joven desaparecía durante apenas unos segundos, aquello era lo que más me preocupaba.
No porque ella fuera cruel, sino porque jamás conseguía saber exactamente qué estaba pensando, aquella tarde viajábamos hacia la residencia de Lord.
La carroza avanzaba por las calles húmedas mientras la ciudad comenzaba a iluminarse con las primeras lámparas de la noche, las ruedas golpeaban los adoquines.
CLAC... CLAC... CLAC...
El sonido se mezclaba con el golpeteo constante de la lluvia contra las ventanas, gracias al incidente de antes nos alcanzo un poco de lluvia leve; dentro de la carroza reinaba una cálida penumbra.
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LADY PIRATTA || Shadamy ||
FanfictionEn una época donde las coronas pesaban más que los sueños y los apellidos podían decidir el destino, una joven llevaba dos vidas. Para el reino, Amelia Rose, la Duquesa. Una dama de noble linaje, educada para caminar con elegancia por los salones, i...
