Salimos a trompicones del lugar.
El guardia nos avisó que una vez fuera no había manera de volver a entrar.
—Oh, créame. Lo último que queremos es regresar allá dentro— Dijo Eleanor y los dos reímos a carcajadas. —Mira tu camisa...— apuntó la mancha de cerveza.
—¿Lo viste?
—¿El qué?
—A quién, mejor dicho. ¿Viste al que me tiró cerveza encima?
—No. No lo vi.
—Sabia mi nombre... Era muy lindo.
—¿De qué hablas?
—El dijo mi nombre, Ele.
—Quizá es de la escuela...
—Quizá...
Me quedé pensativo, mi ansiedad no me permitiría sacarme de la cabeza quien rayos era ese tipo.
Decidí poner un alfiler en esa cuestión y cuidar a mi mejor amiga, que de pronto me parecía un desastre. Quizá eran las luces, quizá era el momento, pero no había notado lo ebria que estaba Eleanor.
—¿Eleanor te sientes bien?
—Sí...— dijo, mientras sonreía como tonta.
—Estas ebria, ¿Qué dirá tú mamá?
—Estoy bien... Tranquilízate. Vamos a comer algo para que se me baje ¿Si?
La tomé de la cintura, era la primera vez que Eleanor se ponía ebria en un concierto. Me parecía graciosa, aunque me seguía preocupando lo que su madre pensará cuando la lleve a casa.
Terminamos yendo a comer tacos a una esquina de donde era el concierto, olvidando el tema del extraño guapo. Eran las 2:00 a.m. y el único lugar abierto para comer, era ese pequeño puesto callejero.
Mientras comíamos, reíamos recordando lo mal que la pasamos con esos chicos, y en qué habrán pensado ahora que se enteren que los dejamos solos.
Nunca había hecho algo así, fue muy gracioso, pero a la vez me siento mal por ellos.
Pagué por los tacos que nos comimos y regresamos al auto de Eleanor.
—Eleanor, ¿Puedes conducir?
Ambos habíamos bebido varias cervezas y unos cuantos tragos de vodka con jugo.
—Creo que no— nos quedamos sentados dentro del auto, riendo sin sentido.
—Creo que mejor pedimos un taxi—Dije.
—Si... Es mejor.
Saque mi celular, pero se había quedado sin batería.
De pronto, la gente comenzó a salir por montones. Sentí una gran carga de adrenalina, que no pude hacer más que sonreír.
—Rayos...—Dijo Eleanor.
Nos miramos el uno al otro, si los chicos nos veían se armaría un gran lío. Tendríamos que explicar el por qué de nuestro escape.
La gente comenzaba a pasar a nuestro alrededor, y mi mejor amiga y yo estábamos casi rezando porque los hermanos no nos encontraran.
—Dame tu celular Eleanor, no tengo batería.
—Está en mi bolso.
Busqué en el bolso de mi mejor amiga sin éxito.
—No lo encuentro Eleanor, ¿no lo dejaste adentro?
—No, ni siquiera lo baje de...
—Hola— dijo una voz conocida para mí, desde mi lado de la ventana.
ESTÁS LEYENDO
Las Estrellas En Su Mirada.
Teen FictionLa historia de Federico Ballez. La historia de un chico que por amor decide perdonar. "Solamente sé, que en esa mirada las estrellas se conectan a través de su alma, y se reflejan en esas pupilas color avellana, que me enamoraron en un principio. Ah...
