Eterea

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La miro y se ve tan endemoniadamente hermosa. En sentido figurado, claro. Porque ella es hermosa en la manera más pura.

Esta acostada en mi cama, tiene una camisa larga puesta. Y sé que no hay nada mejor que ella así, durmiendo tranquilamente. Le rozo el cabello negro suavemente, paso mis dedos por sus mejillas, por sus parpados, por sus pestañas negras y espesas solo para saber que es real. Cierro los ojos e inspiro su aroma: ella es el aroma del amor.

Estoy muy cansado, pero quisiera no dormir para verla cuando se despierte. Son las 5 de la mañana en el reloj de mi buró. La rodeo con un brazo y dejo que el sueño me arrastre como una ola.

***

Despierto y me siento vacio.

La busco pero no está en la cama ni sus botas negras en el piso. Solo me queda de ella un pequeño rastro de su aroma en mi almohada.

Suspiro y trato de no pensar en lo mucho que quisiera que ella estuviera por aquí.

Me doy una ducha y desayuno sin muchas ganas, aunque sea casi medio día.  Hago un par de cosas sin importancia.

Decido salir y despejarme un poco.

Camino por las calles cercanas a un parque. Es un sábado normal. Llego a una banca vacía y me siento.  No sé porque estoy aquí. Pero me gusta estar aquí; viendo a la gente.

Veo a la gente pasearse; niños jugando con globos, parejas compartiendo helados, mujeres platicando, jóvenes con perros, abuelitos leyendo...

Veo una chica...pero no es cualquiera. Es ella.

No hay manera de confundirme, es ella. Es su caminar, sus delicados hombros, su pelo negro, su tatuaje en el brazo, su pequeña nariz, sus labios, sus ojos azules...

Camina con pasos ligeros, y por primera vez me doy cuenta de que ella parece desubicada aquí, fuera de lugar, en este parque, con su chamarra de mezclilla, sus botas militares negras, su tatuaje en el antebrazo. Me parece que ella es una especie de musa griega, que debería usar peplos y broches de oro en el pelo. Incluso la imagino bebiendo vino en una copa de oro...Debería estar caminado en un templo griego, rodeada de querubines mientras juega con el agua de una fuente.

Pero no importa. Todo lo que quiero es acercarme a ella.

Pero antes de que yo me levante alguien se acerca a ella.

Es un joven que la toma de la mano y la arrastra lejos de mi vista.

Aún no se qué pensar pero ya los estoy siguiendo. Camino a una distancia prudente de ellos hasta que llegamos a un callejón. Me oculto en la sombra de una escalera de incendios de un edificio alto, él está de espaldas a mí, pero puedo ver la cara de ella sobre su hombro. Luce ansiosa y hasta un poco temerosa.

Es como si mil años hubieran pasado ante sus ojos. Se ve preocupada

-¿Estás segura?- Pregunta él con voz baja.

Ella asiente y lo mira fijamente. El toma su precioso rostro entre sus manos y la besa. Ella le corresponde el beso con tanta pasión que mi sangre hierve. Pero no me puedo mover. Soy una estatua congelada viendo la escena.

Surreal e imposible.

Tiene que ser un sueño.

Se separan y veo los ojos húmedos de ella. Algo se rompe en mi interior. Es como si quisiera vomitar, pero no lo hago. Quiero moverme y golpearlo. Pero no puedo hacer nada.

-Es la única manera- Dice su dulce voz mientras sus manos su unen con las de él.

-Pero...-

-Cada momento valió la pena-Asegura ella.

Se abrazan como si temieran que de algún lado surgiera algo que los separara.

No entiendo que pasa. Y no me puedo mover e intervenir, pero tampoco puedo irme.

-¿Y qué pasará entonces?-Pregunta él

-Nada.-Le contesta ella.- Solo hazlo-Su voz suena firme  al dar la orden.- Nos volveremos a encontrar- Asegura finalmente y su rostro se suaviza con la expresión de cariño que le he visto antes, esa que usa cuando habla de las cosas que mas le gustan en la tierra.

Creo que el tiembla, pero se mete una mano al bolsillo de su chamarra y saca algo que oculta en un puño. Aún abrazados, él levanta su brazo a la altura del hombro de ella y la sostiene ahí, temblando. Y  finalmente acerca el puño con fuerza hacia ella, que emite un gemido. Creo que  es una navaja que se entierra en su piel.

Siento una furia apoderarse de mí imposible de describir. Mi visión se nubla. Intento gritar, correr, o hacer algo. Pero no puedo. Mi cuerpo no es mi cuerpo. Es como si no fuera nada.

Pero la escena sigue frente a mis ojos. Aun cuando yo no quiero ver nada más.

Él se separa de ella, que ahora no es más que un cuerpo inerte. Puedo escuchar su respiración acelerada cuando la deposita en el suelo. Se lleva las manos al pelo con desesperación, una de ellas está sucia con sangre. Y creo que solloza.

Da un par de vueltas alrededor de ella antes de caminar hacia la salida del callejón.

Yo sigo sin moverme de mi lugar. El se acerca y parece no notarme. Pero cuando pasa junto a mí puedo ver su rostro claramente.

Soy yo.

Son mis ojos, mis facciones, pero hay algo que me parece diferente. Creo que es la mirada, algo ha cambiado en ese chico que es idéntico a mi.

Tengo una mirada atormentada.


Pasan unos segundos, o quizá una eternidad, o lo sé; pero finalmente me puedo mover. Pero no de la manera corpórea a la que estoy acostumbrado, si no como si mi cuerpo no pesara nada. Como si no tuviera que mover un solo músculo para hacerlo, como si bastara con pensarlo.

Me acerco a ella. Y lo único que puedo pensar es que se ve como un ángel. A pesar de la flecha que sobresale de la parte posterior de su hombro y de la sangre que se mancha su piel.

Y por primera vez noto algo en ella que no había visto antes. Ella es realmente un ángel. Quizá mas que eso.

Nunca me equivoqué, ella es el amor.


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