Plop… Plop… Cada pequeña gota caía más y más rápido empapando mis desgastadas ropas, las cuales eran difíciles de conseguir por el estado en el que me encontraba y las condiciones que sufría mí cuerpo no me facilitaban la tarea de mantenerlas presentables.
-Buenos días. –Dijo la chica en la entrada del callejón.
-Buenos días. –Le contesté levantándome para salir de ese lúgubre lugar. ¿Quién en su sano juicio saludaría a alguien tirado en un callejón oscuro y lloviendo?
-¿Tú eres un omega no? –Alcanzó a decir la chica cuando salí del callejón, aún no volteaba a mirar pero su capucha ocultaba sus facciones.
-Sí sabes lo que soy, ¿Por qué sigues aquí, Alfa?
-Porque quiero proponerte un trato. Básicamente, ambas partes dependemos de la otra e iré directo al punto: Tú y yo haremos un contrato de sangre.
-Niña, ¿Sabes lo que somos? Somos omegas. Muchos hemos inundado establecimientos completos llevándonos la vida de mucha gente, otros han incendiado todo lo que tocan, ¿Sabes a cuantas personas he matado con esto? –Levante mí brazo izquierdo en el cual crecían cristales con cada segundo que pasaba.
-Lo sé, pero la humanidad ya está infectada y en vez de matarnos unos a otros deberíamos buscar la forma de sobrevivir nosotros mismos y sí es posible salvar a otros o ayudarlos, no ganaremos nada si peleamos entre nosotros.
La chica tenía un buen punto.
-¿Qué gano yo de todo esto? –Pregunté acercando mi brazo cristalizado a ella.
-¿Qué quieres? Debes saber que el dinero no es problema.
-No me interesa tu dinero.
-Entonces supondré que te interesa lo mismo que a mí, la sangre del otro para subsistir.
-Aceptaré de acuerdo a lo siguiente: Tú me darás tu sangre cuando yo diga. Recuerda que la mía te mantendrá durante 3 meses pero la tuya solo dura 15 días así que me aseguraré de que sólo no la tomes y huyas con ella.
En los pocos rasgos que dejaban ver su capucha y la poca luz del callejón distinguí una pequeña sonrisa formándose en los labios de la chica, ¡cómo si se estuviera burlando de mí! ¿Qué le parecería tan gracioso? ¿Quién se creía ella para burlarse de un Omega siendo una débil Alfa?
-No pienses tan mal de mí sin conocerme aún. Odio a la gente que se aprovecha de los demás y huye como cobarde, además, mencione un contrato igualitario no un robo. Créeme, sí sólo quisiera eso ya lo hubiera conseguido tiempo atrás.
-Entonces, ¿Por qué tan encubierta princesa? Si no piensas tomar nada, quítate esa capucha.
-Prácticamente, soy de cristal: Demasiado frágil. Aunque sea poco, esto ayuda a no mojarme y así evitar enfermarme más de lo que ya estoy. Ven –Dijo tomándome de la mano para llevarme con ella- Te llevaré a un lugar seco.
Caminamos unos metros bajo la incesante lluvia hasta que la chica se detuvo en una casa de rejas blancas que brindaban protección a una enorme casa parecida a una mansión que sinceramente era hermosa aunque a juzgar por el aspecto de la chica, no parecía que viviera aquí.
-Entremos, seguro esto se pondrá peor. –Empujó la gran reja que se movió pesadamente con un sonido chirriante.
-¿Vives aquí?
-Te dije que el dinero no era problema. –Contestó con una sonrisa mientras entraba conmigo a rastras al lugar. Era más amplio dentro de lo que se observaba por fuera; con un piso de madera recién pulido, un par de escaleras de caracol que daban a un segundo piso en la zona central con dos puertas grandes ubicadas a cada lado más allá de ésta que parecían dar paso a una sala y una cocina, supuse que el resto de las habitaciones se encontrarían en el segundo piso o bien atravesando las puertas.
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