~Enfermo~

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Springtrap estornudó.

Una y otra vez.

Y siguió.

Y no se detuvo.

Golden se volvió hacia él y le dio unas palmadas en la espalda. Ante su acción el conejo puso mala cara y apartó su mano, para posteriormente estornudar de nuevo. El oso comenzó a preocuparse todavía más por la salud de su amigo.

—Spring-

—Cállate y dame otro pañuelo.

Golden obedeció y le tendió la caja de pañuelos de puro papel tissue, extra suave. Entre gruñidos el peliocre lo aceptó, sonando su nariz. Luego de ello soltó un profundo suspiro y talló sus ojos.

—Me siento fatal...

—Lo sé, Spring. Me he dado cuenta de ello —Golden le envió una mirada de preocupación—. ¿Por qué no descansas un poco? Te hará bien.

—Cállate —refutó—. Estoy perfecto...

—Hace menos de un minuto, dijiste lo contrario.

Springtrap estornudó.

—¡He dicho que no...! —frotó sus ojos—. Bueno... sí...

Golden colocó una mano en su frente para comprobar su temperatura. Y, efectivamente, estaba muy alta. El oso no esperó una respuesta más de parte del conejo; lo tomó sorpresivamente al estilo nupcial, y Springtrap no fue capaz de replicar.

—Pero qué-

—No digas una palabra Springtrap. Te llevaré a tu habitación, tu fiebre es muy alta.

—¡Eh... b-bájame...! —el conejo comenzó a patalear de manera infantil.

Sin embargo, el oso lo ignoró olímpicamente, dirigiéndose a la habitación del ocre con rapidez. Éste no se resistió por mucho, y al final terminó por cansarse, manteniendo un puchero en su rostro. Golden abrió la puerta de la habitación y se acercó a la cama, colocándolo delicadamente en ella. Tan pronto como hizo esto Springtrap intentó golpearlo de un puñetazo, fallando miserablemente.

—Estúpido teñido... —refunfuñaba.

—De nada. —el oso le dedicó una sonrisa amable.

—Bueno... Ya puedes irte... —gruñó tras un estornudo. Sin embargo, el oso no se movió un centímetro—. ¿Estás sordo o qué?

—Si crees que me iré, estando tú en semejante estado deplorable, entonces no me conoces. —sentenció el rubio-oro, cruzándose de brazos.

—... Tch... estúpido teñido... —gruñó de nuevo, mirando hacia otro lado.

—Gracias —dijo alegre Golden, pues el conejo finalmente había cedido—. ¿Necesitas algo?

—No.

—Sí que lo haces. Iré por agua.

Se puso de pie, dirigiéndose a la puerta.

—¿Para qué preguntas entonces...? —se quejó, arrojándole una almohada, aunque ésta a penas si llegó a alcanzarle—. Ya... ¡Vete de aquí y no regreses...!

Feels (GoldenTrap) [One-Shot]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora