Capítulo 2

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Entré en el instituto y todas las miradas estaban clavadas en mí, algunos cuchicheaban, otros sonreían y otros se limitaban a observar. No sabía lo que había pasado para ser el centro de todas las miradas y sólo tenía ganas de salir corriendo pero no podía hacerlo así que respiré profundo y anduve lo más firme que pude hasta la taquilla, los píes me temblaban y era difícil disimularlo.

Los ojos se movían a donde yo iba y la situación se me iba a ir de las manos, fui a coger el libro de matemáticas pero en seguida me di la vuelta y miré mal a todos los que me miraban. ¿Había ido en pijama o algo por el estilo? Revisé la ropa y no, iba con una ropa normal… Y no creía llevar nada que pudiera llamar la atención.

-¿Se puede saber qué miráis?-Dije finalmente.

Ninguno contestó nada y Álex llegó corriendo, no habría sido capaz de decir nada… Se suponía que la noticia se decía entre los dos, no así.

-Cariño…-Dijo Álex cogiéndome de la mano.-Estas noticias no se pueden ocultar, eso miran todos…

-Amor mío, ¿podemos hablar en privado?-Dije en un tono bastante serio.

Fuimos de la mano hasta fuera y me encontré con Rocío y Alba mis dos mejores y únicas amigas, fueron las únicas que no me examinaban de arriba abajo pero sus miradas tampoco eran precisamente buenas. Rocío me miraba con cara de sorpresa, podría leer sus pensamientos perfectamente “Fátima pasa de los chicos, que extraño”. Y Alba me miraba algo enfadada, también sabía lo que estaba pensando “¿Cómo no me ha contado nada?”. Y así de previsibles eran mis amigas.

Una vez fuera fuimos alejados de las miradas y le di una bofetada con todas mis fuerzas, me quedé súper aliviada. Ese rato me había hecho acumular mucho estrés y acababa de soltarlo.

-¿Qué haces?-Preguntó sorprendido mientras se tocaba la cara, tenía la marca de mis dedos en su piel blanca.

-¿Qué falla en tu cerebro?-Pregunté enfadada.- ¿Tú sabes lo mal que lo pasé cuando todo el mundo me estaba mirando sin saber por qué? Casi me da un infarto. Eso se cuenta entre los dos. Además, ¿y si me quería echar atrás?

-¿Y por eso me merezco esa bofetada?

-No, te mereces más. Así que da gracias.

Estuve esquivando a Alba y a Rocío con todo tipo de excusas, y claramente muchas de ellas no eran creíbles. La gente no paraba de mirarme pero en algún momento se cansarían y pararían, o eso esperaba. Tampoco era para tanto… Seguía llevando la misma ropa, actuando de la misma manera, seguía siendo yo… No entendía que porque le “gustara” a Álex todos me miraran de esa forma.

Cuando conseguí salir del instituto que parecía una jauría fui lo más rápido que pude a mi casa, corrí en un principio hasta pasar la parte del instituto pero terminé corriendo todo el camino. Al llegar abrí la puerta y casi sin aire fui a subir a mi habitación pero mi madre me paró con unos de sus interrogatorios.

-¿Por qué vienes corriendo, Fátima?-Preguntó mi madre mirándome extrañada.

-Quiero adelgazar, ¿qué tiene de malo?-Pregunté sarcástica y mi madre no despegó la mirada de mí.- ¿Te importaría dejar de mirarme? Bastantes miradas he tenido que soportar por hoy.

-¿Qué miradas? ¿Ha pasado algo?-Preguntó mi madre sorprendida y se metió en la cocina, por lo menos me había hecho caso y no tuve que soportar sus miradas.

-Nada nuevo.-Dije y subí a mi habitación.

Probablemente siguiera hablando sola, ni mi hermana Paula ni mi madre sabían cuando una conversación había terminado así que me dio igual que estuvieran hablando y subí a mi habitación.

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⏰ Última actualización: Apr 24, 2014 ⏰

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La chica de la sonrisa rotaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora