La primera vez que vi a Uchiha Sasuke me aterroricé.
Desde el momento en que le distinguí desde mi bicicleta, pese a los rayos de sol que me cegaban, hubiera debido darme cuenta de que era mejor mantenerme alejada de él. Me estaba acercando a algo peligroso y terrorífico.
Creo que en ese mismo momento supe que Sasuke me metería en líos. Pero una persona no siempre hace caso de su intuición, no siempre se guía por el sentido común, o al menos yo no lo hice.
Así que en un santiamén, Sasuke me atrapó, me envolvió con su tristeza y me atrajo con un secreto: un enigma que se inició con un asesinato.
Todo comenzó en un bonito y caluroso día de finales de abril. Tomé prestada la bicicleta de mi hermano Konohamaru y salí a dar un paseo. Quería explorar Konoha Falls, nuestro nuevo hogar.
La bicicleta de Konohamaru era un cacharro: una BMX pesada y lenta, con el asiento demasiado alto para mí (¿Pueden creer que soy más baja que mi hermano pequeño? ¡Que rabia!) Me robaron la bicicleta de veintiuna marchas antes de mudarnos, así que que no me quedaba otra elección.
Tengo dieciséis años y carné de conducir, pero en coche no se puede explorar. Me chifla montar en bicicleta. Me encanta sentir el viento en la cara y los pedales bajo las zapatillas deportivas, esa sensación de control, el modo en que las piernas se me cansan y me late el corazón: me encanta la sensación de absoluta libertad. En un coche es imposible experimentar todo eso. Papá prometió que me compraría una bicicleta nueva en cuanto la compañía de seguros pagara por la que me robaron. Aunque yo no quería esperar tanto tiempo, mi padre no estaba de humor para discusiones.
Papá y mamá todavía estaban abriendo cajas. A ese paso no acabarían hasta las próximas Navidades. Parece mentira como una familia como la nuestra puede llegar a almacenar. Uno sólo cae en la cuenta cuando ha de mudarse a otro pueblo.
Bueno, el caso es que saqué la bici de Konohamaru y me fuí a dar una vuelta.
Soy una enana, tendría que haber bajado el sillín, pero me moría de impaciencia por salir y explorar Konoha Falls.
Me había puesto unos pantalones cortos de color verde y una camiseta sin mangas azul eléctrico. Era el primer día realmente caluroso en primavera y los rayos de sol de la tarde pegaban con fuerza. Tenía la espalda achicharrada. Me acababa de lavar el pelo; lo tengo rosado, largo y liso, y lo llevaba recogido con una cinta azul. Ya se secaría con el sol.
Se percibía un leve perfume en el aire. Al final de mi calle habían florecido los altos arbustos de cornejo. Era una sensación fascinante e irreal, como pasear bajo majestuoso arcos blancos. Más hermosos que la vida misma, pensé. Cuando voy en bicicleta me vienen a la cabeza ideas como ésta.
No tardé mucho en explorar Konoha Falls. Es muy pequeño. La escuela universitaria donde papá y mamá empezarán a dar clases el próximo semestre está en un extremo del pueblo. Más allá hay unas calles tranquilas y sombreadas por hileras de árboles vetustos, alineados frente a unas pequeñas y hermosas viviendas.
Las casas grandes y lujosas están en las afueras, en la otra parte del pueblo, cerca de las cascadas. En el centro hay un pequeño barrio de tiendas, donde casi todos los edificios son de dos pisos. También hay un cine con dos salas, un banco, una oficina de correos y poca cosa más. El centro comercial más cercano está en el pueblo del té, pasados dos pueblos.
Pedaleé despacio por delante de los establecimientos. Para ser un sábado por la tarde, no había mucha gente en las calles. Supuse que casi todos estarían en casa, aprovechando el tiempo primaveral para arreglar sus jardines y patios.

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La Novia Muerta (versión sasusaku)
Teen FictionTanto la historia como los personajes no me pertenecen. versión Sasusaku de este gran libro.