Estoy sentada en la cocina comiéndome mis cereales cuando, de repente, escucho la bocina del autobús del instituto, supongo que ya seran las 8:00h. Dejo los cereales a medio acabar, cojo la mochila y me dirijo al autobús.
-Hola Matt! -saludo al conductor, el cual no me responde y me ignora sin tan siquiera mirarme-.
Subo las escaleras y camino por el pasillo para dirirgirme a mi asiento de siempre y, también como siempre, recibo un par de insultos y algún que otro intento de trabanqueta. Llego a mi asiento de siempre, situado a tres filas del final, donde se sientan los “guays” y “populares”, al menos es eso lo que se creen. Aunque todo sea como siempre, hay una cosa diferente: hoy no está Amy para hacerme compañia. Me siento de golpe en cuanto arranca el bus de imprevisto y me pongo a mirar por la ventana. Ahora que tengo un rato para mirar por la ventana hasta llegar al instituto me doy cuenta de lo que no me dí cuenta antes: vivo en una ciudad muy bonita. Puedo apreciar muchos árboles y flores de todo tipo, los cuales se mecen al ritmo de la brisa veraniega y, si no fuese por el ruido del autobús, seguramente escucharia el canto de los pájaros, cómo cada mañana. Eso es porque ya llega el verano y no, no me dí cuenta por el canto de los pájaros. Desde antes de que llegue el verano ya se puede apreciar que el calor se acerca por los ajustados y cortos pantalones (si se pueden llamar pantalones ya que parecen bragas) que llevan todas las chicas como si fuesen zorras aspirantes a putas.
El autobús se para en un semáforo cerca de una casa que me recuerda a la de Amy. Si os soy sincera, Amy es mi mejor amiga, pero no acabo de confiar en ella del todo. Es una persona bastante narcisista y muy libre, no quiere ataduras, por eso nunca me hice del todo su amiga, aunque no os negaré que me cae genial.
Y, entonces, antes de que pueda ser consciente ya ha llegado el autobús al instituto. Como siempre bajan primero los de primero, después los de segundo y así consecutivamente hasta que llega mi turno. Recorro el pasillo con algún que otro empujón y, cuando estoy bajando las escaleras alguien me da un golpe y caigo. Me imagino mi preciosa cara (notése el tono irónico) rozando el bonito bordillo de la acera cuando me doy cuenta de que estoy flotando en el aire... al fin! Los poderes telequinéticos que llevaba tanto tiempo pidiendo llegaron a mí! Y entonces yo, toda ilusionada, me dí cuenta de que alguien me sujetó por el brazo. No, no podía ser, hoy Amy no vino y nadie sería capaz de sujetarme, todo el mundo me tiene asco, aunque no les haya hecho nada, ya que no puedo hacerselo. El brazo que me incorpora parece firme y seguro. Me incomporo y, al verle fijamente, vislumbro que es un chico. Lo miro fijamente a los ojos, son una barrera impenetrable en la que no se puede apreciar el más mínimo rastro de sentimientos y, en ese segundo que se me hizo eterno al estar sumida en mis pensamientos, me dí cuenta que había estado en contacto visual demasiado tiempo. Bajo la miraba y él avanza por la escalera del autobús, haciéndose paso mediante un golpe de hombro.
A primera hora me toca castellano... aburrido. La gente adora las clases de castellano, sobre todo porque se dedican a no hacer nada, bueno, se podría decir que algo sí que hacen, hablar, insultarse, decir tonterías y divertirse, divertirse a su manera claro, ya que yo observo ese espectáculo desde una vista privilegiada, desde la cual puedo ver a mis compañeros como monos de feria enjaulados dando a los espectadores lo que quieren ver, animales estúpidos comportándose como animales estúpidos. Si para ellos perder el tiempo es diversión, prefiero aburrirme, aunque odio las clases de castellano ya que me lo sé todo de sobras, quizás si mis compañeros pusieran de su parte aprenderiamos algo más avanzado, pero está claro que eso nunca pasará. Invierto el tiempo de mi clase en dibujar, aunque mis dibujos no acostumbran a ser de cosas muy normales que se diga yo creo que no se me da mal dibujar, aunque por parte es normal, invierto mucho tiempo en el lápiz y el papel. De repente, cuando estoy concentrada en mis dibujos, el director pica a la puerta y... ese es... efectivamente, es el chico de esta mañana.
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