“miedo a enamorarse”.
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Lanzó una piedra al agua y subió la mirada a su acompañante.
Ninguno dijo nada, ella sonrió, lo que hizo sonreír a Manuel, él regresó la mirada al mar, causando una risita de Agustina.
Ella amaba admirar la belleza de su chico aún que sólo ella pudiese verlo así, cada segundo observando su rostro era muy valioso para Agustina, cada facción, cada pestañeo, causaba mariposas en el estómago de ella, era un amor-odio, saber que ahora él está detrás de otra chica, saber que ahora él piensa en alguien todo el tiempo que no es ella, le daba rabia, y mucha, quería dejar de pensarlo al menos un segundo, pero era imposible.
— ¿Por qué me miras así? — interrumpió Manuel causando nerviosismo en la chica.
— ¿Por qué te miro así? — corrió su mirada al instante — No sé — suspiró.
— ¿Me miras bien? A los ojos por favor — levantó desde su mentón la cabeza de Agustina, causando el choque de miradas más grande que habían tenido.
Se quedaron así unos segundos, Manuel ya tenía pensado robarle un beso, no creía que se negara, a demás, era el momento perfecto, con el mar de fondo, estaban sólos, sin dejar de mirarse. La respiración de ambos estaba medio agitada y ambos corazones latían a mil. Él sonrió.
— ¿Me parece a mí? ¿O vos y yo nos hacemos bien? — habló Manuel cortando ese silencio
— Capas — rió nerviosa alejándose un poco del chico.
A él le encantaba ver como sus mejillas se tornaban de un color rojo cálido y llevaba un mechón de pelo detrás de su oreja.
— Gracias — habló Agustina aún sin mirarlo.
Él alzó una ceja confundido, a lo que ella respondió.
— Por ayudarme hoy, en la competencia — su voz tartamudeaba.
Manuel sonrió al escuchar la aclaración.
— No agradezcas, sino yo tendría que agradecerte cada momento juntos — rió.
— ¿Por qué agradecerías? — preguntó inocente Agustina.
— Por que me haces olvidar de muchas cosas y pensar en muchas otras — bajó su mirada avergonzado por la confesión.
— ¿Cómo qué? — volvió a preguntar ella.
Manuel miró los labios de Agustina, humedeció los suyos, era el momento perfecto, no podía perder la oportunidad.
Se acercó bastante, pasó su mano derecha por la nuca de su chica logrando piel de gallina en ella, apunto de chocar bocas, Manuel habló.
— Estando con vos, siento que nada en este mundo existe, sólo vos, sólo yo, sólo nosotros — susurró mezclando ambas respiraciones.
Y de la nada, sus labios se movían rítmica mente con los de ella, era un beso perfecto, sus labios juntos eran perfectos, ella lo era. El beso paró, ambos se miraron sorprendidos.
— Me tengo que ir — interrumpió ella el lindo momento que estaban viviendo.
— Para, Agus p.. — ella salió corriendo.
Manuel tapó su rostro, le había encantado el beso, pero, ¿y a ella? ¿Qué habrá sentido con ese beso? ¿Habrá sentido lo mismo que él?; su corazón latía fuerte, tenía la respiración agitada, sentía mariposas; ¿Por qué lo había dejado solo? ¿Por qué salió corriendo?
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503 palabras.
