Es abrumadora la cantidad de ideas que pueden ser transmitidas a través de un texto. Con un sólo párrafo la imaginación puede ser estimulada a un nivel inmensurable. Una carta escrita a puño y letra es capaz de cambiar el destino de una nación; un mensaje de texto por la madrugada puede determinar el futuro de una relación. Son éstas las maravillas de la escritura; no sólo puede crear mundos ficticios, sino que es también efectiva para influir y cambiar realidades.
Es bien sabido que los acontecimientos más relevantes de la historia han sido registrados por escrito: actas de declaración de independencia, acuerdos de paz entre naciones, narraciones sobre algún descubrimiento, y un sinfín de documentos importantes y controvertidos que, de una forma u otra, fueron determinantes a la hora de dirigir los pasos del hombre a través del tiempo. La escritura se encuentra latente en cada aspecto de la vida del ser humano, siendo ésta una de las primeras formas de expresión registradas. Ha prevalecido y se ha establecido en un mundo en el que es cada vez más necesario un flujo constante y eficaz de información.
Pero la escritura no debe estar relegada a ser un simple medio de comunicación. Los escritores de antaño dejaban toda su esencia en sus escritos; para ellos no era considerado un trabajo escribir, por el contrario, era un privilegio que sus palabras pasaran a ser parte de la historia.
Es esa devoción por las letras lo que ha hecho que escritores de otras épocas sigan teniendo relevancia en la actualidad. Fueron más los hombres que con un lápiz y un papel cambiaron sociedades completas, que los hombres que a punta de plomo y guerra intentaron hacer lo mismo.
Personas como: Karl Marx, Ana Frank, Tomás de Aquino, William Shakespeare, Friedrich Nietzsche, y muchos otros, contribuyeron (positiva o negativamente) a labrar lo que la sociedad es hoy. Esos personajes son recordados en la actualidad porque usaron la escritura para plasmar sus ideales, sentimientos y experiencias. Sus escritos nos han ayudado a contemplar otros puntos de vista y, en algunos casos, otras realidades.
Un hombre que desprecia la escritura está omitiendo la posibilidad de dejar un legado que trascienda en el tiempo. Trágicamente hemos llegado a la época en que la buena escritura es desestimada.
La escritura moderna ha perdido la verbosidad, la inerrancia y la rigidez que la caracterizó en tiempos pasados. Hoy se a las faltas ortográficas, la economía de palabras y la incoherencia en la redacción. En definitiva, la escritura moderna ejemplifica lo que es la sociedad moderna: incoherente, desprovista de propósito y con estructura decadente.
En lo que mí concierne, pienso que es menester recuperar el arte de la correcta escritura. Es un arte complejo y muy funcional, que requiere no sólo conocimiento del instrumento que utiliza -el lenguaje- sino también del material humano sobre el que actúa y del medio en que se desenvuelve. Al recuperar este arte, estamos asegurando un futuro lleno de tradición, memoria y experiencia, que con total certeza servirá de ayuda a nuestros descendientes para que al momento de emprender su camino tengan un norte bien definido.
La buena escritura fue el legado de nuestros padres; ahora es nuestro deber preservarla y mantenerla intacta hasta el día en que nuestros hijos nos releven. Ellos son el futuro, y el futuro siempre debe tener presente a su pasado.
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Inspiración categórica.
RandomColección de escritos variados. Opiniones personales, comentarios y artículos.