Los copos de nieve caían sobre las escasas praderas de Berk, con una elegancia y sutileza dignas de aparecer en un poema heroico de guerras vikingas. La brisa vigorosa azotaba los cabellos de Hipo, causando que por momentos los mechones semi rojizos cubrieran los ojos esmeraldas del escandinavo.
El clima invernal y los cielos grises le recordaba a su padre. Estoico era un hombre rudo, tal como el clima inhóspito de las islas escandinavas, era valiente y sagaz, terco como un jabalí, pero amable cual viento veraniego de altamar. Inspiraba paz a sus seguidores, y también a él. De su mente no podía borrar todos los momentos que vivió junto a él; su gruesa barba, y sus manos como lijas eran lo primero que sentía en cada abrazo, o en cada reprimenda. Durante un tiempo pensó, que la muerte de su progenitor sería el peor suceso de su vida, pero estaba muy equivocado.
—¿Estas bien? —le pregunto al vikingo una voz profunda.
Hipo, pasmado giro lentamente la cabeza. Eret se encontraba a solo metros de él. "¿Cómo me encontró?", pensó el vikingo de ojos verdes, "este lugar es mi secreto, ni siquiera Astrid sabe que vengo aquí"
—Si...se lo que dirás ¿Cómo demonios me encontraste Eret? ¿Acaso me estabas siguiendo? —soltó el moreno, imitando la voz de Hipo.
—¡Esto no es gracioso Eret! —gruñó el jefe de Berk, posando su mirar nuevamente en las praderas nevadas.
—Lo siento...—se disculpó el hombre, acercándose silenciosamente a Hipo —sabes, esto me duele tanto como a ti ¿Crees que no me destrozo el ver a Brutilda y a Astrid? ¡Pues claro que me destrozó! — bramo Eret, con los ojos brillantes por las lagrimas que comenzaron a salir.
Hipo no respondió, solo se limito a mirar fijamente los copos de nieve que se amontonaban sobre el pastizal.
—No sabes cuantas ganas tengo de ahorcar a ambas, estoy tan...—el moreno guardo silencio. El rostro afligido de Hipo le preocupaba. Ese hombre cuya pierna de metal se comenzaba a congelar, era el jefe de Berk, era el quien debía encargarse del pueblo, si el lucia así, Berk se hundiría con él. —Sabes...¿Por qué no nos olvidamos de esto? —le pregunto a Hipo.
—Lo intento...pero aun amo a Astrid...yo...
Las palabras de Hipo fueron interrumpidas por Eret, quien tapo la boca del castaño suavemente con su dedo índice.
—No hables más...—le pidió el vikingo fornido, mientras guardaba su dedo en su puño —Amas a Astrid por que es la única persona con la que has estado, yo te ayudare con eso, después de todo ya ha pasado casi medio año desde que nos enteramos, tenemos que seguir con nuestras vidas ¿verdad?
—Eso creo...—susurro Hipo, alejando la mirada de su compañero.
—Te ayudare amigo, ¡Ya veras que te olvidas rápido de esa mujer! —exclamo Eret, mientras tomaba el delicado rostro de Hipo entre sus manos.
Eret jamás lo demostró, pero estaba locamente enamorado de Hipo. El día en que lo vio por primera vez supo que era especial. Su rostro angelical, su cuerpo delgado y su extraña inocencia fueron las cualidades de Hipo que lo impresionaron. Se caso con Brutilda para engendrar hijos, la misión primordial de todo vikingo; por desgracia esa unión no tuvo ningún buen resultado; dos abortos y un niño deforme que murió a los pocos días de nacer fueron los frutos de la relación. Pero a pesar de todo el moreno admitía que durante un tiempo llego a querer a la rubia, sin embargo, su repentina traición con la esposa del jefe, causo que todo el cariño que había logrado sentir por ella de desvaneciera.
El moreno entro a la casa que compartía con Brutilda y causando un estruendo brutal, cerro la puerta. La rubia lo miro por el rabillo del ojo. Desde el incidente no se hablaban mucho, prácticamente ni se miraban.
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Estoy contigo [one - shot] #premiosdragoniter2018
FanfictionHipo ama a Astrid, pero ¿qué sucedería si descubriera que ella lo engaña con otra persona? ¿podrá alguien reparar el corazón de Hipo? descubranlo ahora en, "Estoy contigo" Eret X Hipo. advertencia: lemon, yaoi.