Capitulo 2

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-Rápido señoritas, los invitados las están esperando- dijo Mariana del otro lado de la puerta-

Estaban peinándome... aun no podía creerlo, nunca fui de las que se peinan y ahora alguien lo hacia por mi, era lindo pero incomodo.

-Te vez hermosa, pero intenta sonreír- me dijo Sara mientras se ponía unos largos aretes de diamantes frente al espejo.

Era algo difícil sonreír en ese momento de verdad estaba de mal humor, después de la pesada noticia que me había dado mi tía la noche anterior, me daban ganas de tirar todo por la ventana, no podía seguir con esta farsa yo no era la persona que estaba parada frente al espejo, todo este show de la reina me estaba arruinando la vida, no les había bastando con sacarme de la escuela, alejar a mis amigos, a mi familia, romper mis sueños y ellos plantearme nuevas metas. Ahora también querían casarme a la fuerza con un completo extraño. ¡Esto cada vez me daba mas asco!
Su plan era simple, según ellos no podía reinar si no estaba legalmente casada y la coronación era en dos meses así que mi boda debía ser a más tardar en mes y medio.
El solo imaginarme parada en el altar a punto de darle el si aun maldito millonario que no amo, me obligaba a vomitar sobre mis tacones.

Mire a mi alrededor y vi tanta gente corriendo, apurándose en preparar algo en lo que en realidad no confiaban, ninguno de ellos me creía capaz; y eso me hacia dudar de porque estaba haciendo todo esto si nadie consideraba que pudiera hacerlo.

-Ross linda es hora de salir- comento mi amiga con dulzura mientras miraba mi cara pálida – ¿te encuentras bien?

Solté un grito ahogado y suspire

-si, estoy bien, vamos-

-respira solo son unas horas y ya podrás descansar-

Salimos a la fiesta y cumplí con mi deber, salude y converse como la chica educada que todo el mundo tenia planeado que yo fuera. Después de un rato y muchos saludos me di cuenta que ya no había un lugar para mi en esa fiesta, mi tía platicaba con miembros del concilio y Sara bailaba con un viejito extraño.

Pensé en escabullirme hasta mi cuarto y no salir hasta mañana pero una voz conocida frustro mis planes

-Sabía que eras tu-

-Oh y como me reconociste, ¿por la tiara, los zapatos o el vestido que me aconsejaste comprar?- voltee lentamente para encontrarme con esa sonrisa picara

-En realidad fue otra cosa, te vez bien, te dije que en rojo se vería mejor- me miro de arriba abajo con disimulo.

-¿Y como lo sabias? Digo no es normal que un hombre sepa de esas cosas- levante una ceja interrogándolo. El soltó una pequeña risita

-No es tan extraño simplemente conozco de mujeres, eh tratado con muchas-

Su comentario no me agrado mucho y al parecer el lo noto porque rápidamente cambio el tema.

-Y porque no estas bailando como tu amiga- mire hacia donde el puso la mirada, era Sara moviendo las caderas en un gracioso intento por bailar.

-A mi no se me da mucho bailar- le dije un poco apenada sin que ambos quitáramos la mirada del frente

-Yo podría enseñarte... a bailar lento porque lo vas a necesitar-

-¿Enserio? ¿Porque?-

-Eres la futura reina tienes que saber mover los pies- Me miro de reojo yo tenia una pequeña sonrisa en mi cara.

De pronto como si el lo hubiera pedido o como si el destino estuviera conspirando en mi contra en el aire empezó a sonar "Lady in Red". Los varones empezaron a tomar a sus parejas y varios tipos se empezaban a acercar a mi, pero antes de que lograran hacer algo, el aún Señor Stoholm tomo mi mano y me encamino hasta el centro de la pista; mis ojos estaban en los de el y mi cuerpo estaba inmóvil, el tomo mis manos puso la izquierda en su cuello y mi derecha la entrelazo con su izquierda mientras que la otra la colocaba en mi cintura.

Nuestros pies empezaron a moverse al ritmo de la música, instintivamente dirigí mis ojos abajo para ver mis movimientos. El agacho la cabeza y me dijo al odio

-No hagas eso, demuestras nervios e inseguridad – subí mis ojos y me encontré con su cuello – tu solo relájate.

El recorrido empezó, yo le hice caso y en verdad estaba disfrutándolo, el ya había levantado el rostro y nuevamente vi sus ojos. Ya no importaba nada, solo nosotros. El tomo con un poco de fuerza mi cintura y me apego mas a el, agacho su cabeza y su respiración chocaba contra mi cuello; mi piel se erizo y entre cerré un poco los ojos disfrutando su aroma. El momento era perfecto y yo me sentía realmente feliz.

Pero claro mi felicidad tuvo que terminar junto con la canción, Mariana se acerco y sin intención interrumpió de la manera más cruel

-Señorita, disculpe, pero su tía la esta buscando-

-Claro Mariana... ya voy- me sentí realmente incomoda no sabia si decir adiós, hasta luego, o besame. Así que solo voltee y sonreí, seguí a Mariana hacia el pasillo pero antes de llegar vi por mi espalda y el lindo chico con el cual acababa de pasar un momento increíble ya no estaba ahí. Se me hizo extraño que se fuera tan rápido, pero no le quise tomar mucha importancia y llegue hasta donde me esperaba mi tía Anne impaciente.

-Niña ¿donde estabas? Llevo bastante buscándote, tienes que conocer a alguien- mi tía no me prestaba atención a mi, veía a todos lados esperando que ese alguien llegara.

Yo me canse de estar parada y decidí sentarme a esperar en uno de los acojinados sillones de la pequeña salita en donde esperábamos. Como ya lo dije era pequeña; en el centro había una chimenea, sobre ella una gran foto familiar de mi papá mi abuela y mi abuelo. Alrededor de la chimenea había tres pequeños sillones todos en tonalidades crema.

Me distraje un poco viendo un arreglo floral en una de las esquinas cuando unos pasos me hicieron volver a la realidad, subí la mirada y no podía terminar de creer lo que mis ojos observaban.

-Rossalie ven aquí pequeña déjame presentarte el señor Dess Martey

-Es un honor conocerla su majestad – el señor canoso y panzón hizo una reverencia, se me hacia totalmente tosco y me daba en verdad mala espina –

-Y él, Rossie, el es tu primo Dann Stolhom - la cara de mi tia expresaba una gran confusión, la misma por la cual yo estaba pasando ahora. Pero lo mio era doble era confusión y un asco terrible.

-Un gusto conocerte Rossalie, me han hablado mucho de ti- yo solo le extendi la mano; el la tomo, se inclino y la beso de la manera mas hermosa y cínica que alguna persona pudiera hacerlo.

Antes de que pudiera soltar mi mano, agarre la suya con fuerzas e hice lo único que podía hacer en ese momento, sonreí estúpidamente y dije -No puedo opinar lo mismo-

Enfrentándome al destinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora