Mientras terminabamos de hablar sobre diferentes temas, su mano hacía cierto contacto con la mía de manera muy sutil.
Eso era emocionante.
Terminé mi cigarrillo y nos dirigimos hacía nuestra cena.
La pedimos y nos sentamos en una mesa con 2 sillas.
De nuevo atacó mi lado hollywoodense lleno de cursilería y caballerosidad. Le acerqué su silla, y la acomodé mientras pagaba todo y le traía la comida.
Fuí el típico cabrón respetuoso pues así fué como me enseñaron a tratar a las mujeres.
Ella me miraba y yo la miraba a ella.
Hablábamos entre momentos y todo se volvía más y más emocionante para ambos.
"¿Como que nunca has visto Blade Runner?"
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