Cuando Tony llegó a casa después de acomodar sus compras se encerró en su habitación.
Llegada la noche Howard decidió ir con su hijo.
oOo
La puerta estaba cerrada y tuvo que tocar, Tony tardó varios minutos en abrir.
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HOWARD: Cariño, la cena está lista...
TONY: No tengo hambre.
El castaño menor se encontraba tapado hasta la cabeza en su cama.
HOWARD: ¿Qué te pasa?
Vio cómo su hijo asomaba uno de sus grandes y chocolatosos ojos por debajo de las sábanas
TONY: Creo que de ahora en adelante tú harás las compras.
HOWARD: ¿Qué? ¿Por qué?
TONY: -sale de su refugio- Me encontré a Rogers.
HOWARD: ¿Rogers?
TONY: Steve...
HOWARD: Oh...
TONY: Sí... Oh... -imita a su Padre- Y yo que quería una vida tranquila.
HOWARD: Ay, hijo...
TONY: Esto no estaba en mis planes... -dice golpeando una almohada en su regazo con sus pequeños puños-
HOWARD: No te preocupes. Yo haré las compras. Así ya no lo verás...
TONY: Es un pueblo pequeño... Alguna vez tendré que verlo de nuevo... Y no quiero. -hace un puchero-
HOWARD: Tienes razón... Pero ya no será cada vez que vayas a las compras.
TONY: Ay, Mamá... ¿Por qué no puedo vivir tranquilo?
HOWARD: Hijo eres un Stark. -acaricia la suave cabellera castaña- Además con esta Manada nunca podrás vivir tranquilo. Te sacarán canas verdes... Mejor dicho... Nos sacarán canas verdes.
La plática con su querida Madre era lo que necesitaba.