Primer apartado: Los años de las mejillas rojas

418 40 11
                                        

Un mensaje y un niño triste

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Un mensaje y un niño triste

El mensaje había llegado a mí un jueves, hace 13 días exactos, lo sé porque era mi cumpleaños. Recuerdo muy bien la sensación que se asemejaba a un trago de sake en ayunas, solo que sin el efecto anestésico que le procede y en su lugar solo quedaba el escozor en la garganta y las orejas sintiéndose tibias después. Todo se originó tras tener la extraña urgencia de revisar mi correo electrónico, no es que esperara que nadie en específico me hubiese mandado nada, mi madre atinaba a que ni siquiera sabría usar una computadora y mis poquísimos conocidos de seguro tenían cosas más interesante que hacer aquel día que sentarse a teclear un mensaje de felicitaciones a un amigo tan distante como yo lo era, pero aunque quisiera negarlo, al menos esperaba tener un poco original "Feliz cumpleaños" seguido de un emoticón, de quién sea, tampoco es que me pudiese permitir ser tan exigente. En su lugar encontré un mensaje que deseé que simplemente se hubiese perdido en la bandeja de spam, el tiempo hubiera pasado y se eliminara automáticamente al jamás haberle prestado atención. Quizá así no habría tenido que enfrentarme a la extraña y poco agradable sensación de recordar mis años de preparatoria, que no es que hayan sido especialmente terribles, pero me parecían tan distantes y ajenos a mí que estaban reprimidos en el lugar de los pensamientos incómodos de mi mente (en realidad parecía que la mitad de mi vida estaba resguardada en ese húmedo y poco iluminado rincón).

"Reunión de la preparatoria municipal 45 generación del 82" citaba el asunto y el tamboreo de mi pie se hizo presente de inmediato mientras leía el resto del mensaje que llegó a mí sin ser algo precisamente positivo.

De cualquier manera, 13 días después me encuentro atrapado en el tráfico bajo una lluvia que lejos de refrescar el ambiente me hace sentir sofocado. Las manos tensas al volante estático y el golpeteo de gotas sobre el cristal, una locutora en la radio que está regalando boletos para un concierto a la primera persona que llame que solo tengo en el fondo para no sentirme tan ansioso, y, al final, mi mente recordando. Llego a la conclusión de que mi última semana llena de estrés se había originado gracias a mi poca capacidad de negarme a una invitación, eso aunado a mis ganas de aparentar que todo marcha bien por mi vida me llevaron a más de una situación desfavorable que siempre desembocaba en alguna travesura, la verdad es que quería revivir un poco de esa sensación de salir de mi zona de confort y todas esas cosas con las que las personas se llenan la boca para parecer menos monótonas en un existir y una ciudad que te obligan a serlo. Decidí unirme al gran juego de apariencias una vez más sin ningún propósito en concreto.

Representar a un personaje fue algo en lo que me esforcé mucho de más joven, reuní todas las características que me parecían oportunas para dar la imagen que deseaba dar y las mezclaba con un poco de mí mismo a fin de intentar no perderme en el juego y no me era tan difícil lograrlo pero requería bastante preparación, cada palabra de mi boca ya había sido pensada antes, cada cosa que decidía hacer o no hacer, lo que daba a conocer de mí mismo y la manera en la que interactuaba con mi entorno estaban siempre contempladas desde antes, me parecía que así me era un poco más fácil vivir, si tenía todo planeado podría estar tranquilo sin dar pasos en vano y tengo la firme idea que mi vida tornó un rumbo poco favorable cuando quise intentar ser más auténtico, cuando las ganas de llenarme de mí mismo engulleron todo lo demás el punto de quiebre se dio, supongo que eso es lo que obtienen los que se despegan de las reglas y deciden andar deambulando por su cuenta y ser renegados llenándose de placeres o encontrando una supremacía espiritual que les llene en su aislamiento o quizá se llevan su rebeldía hasta la tumba y pelean en contra del mundo y sus vicios hasta el último parpadeo. Hay quienes interpretan bien ese papel, pero yo jamás me vi a mí mismo como un lobo estepario, nunca estuvo en mis planes alejarme del camino y es por eso por lo que ahora me encuentro como aturdido todo el tiempo, como fuera del lugar mientras veo como la vida sigue su curso con turbulencia.

Yo nunca tuve claro que clase de papel obtendría al final de mi desarrollo como individuo, pero siempre desee tener la habilidad natural para algo, me bastaba cualquier cosa, pero tarde entendí que el talento no existe y este es solo una jugarreta más que la gente se inventa para sentirse predestinado a la grandeza, pero las cosas no se solucionan solo porque uno las desee con fuerza y se esfuerce cada día. La única de manera de sobresalir es apegándose al papel que a cada uno le toca seguir y destacar en el entorno próximo, por eso siempre quise quedarme en la granja de la familia cosechando sandías porque sabía que esa era la única cosa en la que quizá podría ser realmente bueno, eso era lo mío, andar con mi carretilla repartiendo los pedidos en el mercado con las manos agrietadas y la piel morena por el sol, trabajar hasta ser un anciano y luego ser admirado por ello, pero mis padres me arrebataron eso como menospreciándolo, buscaban que yo fuese algo más y desembocaron su propia versión de un buen futuro en mis anhelos, sus ideas se colaron dentro de mí y pronto me sentía mediocre por desear menos que el máximo.

Mis padres eran ingenuos pero no los culpo, todos los padres quieren que sus querubines sean los mejores en todo, engendran tanto esa idea de grandeza que terminan creyéndosela, además mi actitud solo les hizo inflar el pecho de orgullo viéndome fingir como los estudios me resultaban sencillos aun sabiendo el enorme esfuerzo que para mí suponía quedarme sentado horas en la silla de la cocina, lejos de los estímulos que me hicieran perder una concentración que, tras reclamos, llegaba a mí.

Porque Kim Taehyung sería el primero de la familia de hacer algo más que trabajar en el campo y podría salir de la podredumbre de aquel mundo secundario, supongo que esa idea llegó a ellos infectada por el milagro económico japonés, que consecuentemente llegó a toda Asia oriental por aquellos años, Corea del Sur apostaba cada vez más a la industria pesada y mis padres tras haber sido parte de la reconstrucción de un país hambriento y haber escarbado con sus propias uñas la riqueza de una nación destruida solo buscaban que yo fuese parte de esa oleada de optimismo embriagante. Teníamos ideales tan distintos, pero yo no tenía ganas de discutir ni de abrirme paso en el mundo por mí propia cuenta por lo que pronto comencé a darles el gusto hasta que yo mismo me creí sus ambiciones como propias.

Me preparo entre cavilaciones para interpretar una vez más a aquel personaje lleno de ganas de conquistar el mundo, ambicioso y con muchos proyectos para el porvenir, la idea me causa una risa floja de lo demencial que ahora me parece. El vidrio empañado me hace sentir en medio de un paisaje a acuarela, puedo avanzar al fin un poco y un niño desde el auto contiguo me mira curioso y una motocicleta pasa entre los autos sin problema y yo siento que el pecho se me encoge arrepentido de estar en aquel lugar. Me preparo para una noche larga ya con la frente sintiéndose caliente por el sudor y la humedad.

____________________

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Apr 29, 2021 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

El momento agridulce | Kim TaehyungHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora