2. Enemantes

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Haru poseía un buen sentido de la audición, creo que se me había olvidado mencionarlo. Dos personas a simple oído podían soñar iguales. Pero no para Haru, siempre había alguna pista, una tonalidad más o menos, con las que Haru diferenciaba perfectamente quien le estaba hablando.

Por eso mismo, siempre pasaba por fuera de la sala de música. Ya no necesitaba ayuda para llegar, pues se sabía de memoria cada escalón que tenía que pisar, y cada vuelta que había que dar.

Un día, cuando iba para allá, escuchó algo distinto a las otras veces. Ésta vez, era una voz. Y no cualquier voz. Era grave, profunda, que causaba un hormigueo en la cabeza al concentrarse en ella.

Entonces, Haru se dirigió lo más rápido que pudo al salón, abrió la puerta con mucho cuidado, con tal de no molestar al cantante. Pero apenas se vió su mano en el interior de la sala, el canto cesó, y Haru oyó unos pasos furiosos acercándose a él.

-¿Y que crees que haces tú aquí? - Le preguntó una voz molesta y ronca

-Quería escucharte cantar - Respondió Haru. Era demasiado honesto como para inventar una excusa

-¿¡Pero qué...!? - La honestidad de Haru era demasiado para él - Espera, yo te conozco. Eres el amigo ciego de la loca ésa, ¿Verdad?

-Si, y tu eres... ¿Lux? - Haru ya había escuchado esa voz antes. Discutiendo con Mei

En un principio, Lux se sorprendió al ver que Haru pudo reconocerlo, pero a medida de que le explicaba cómo, Lux pudo comprenderlo.

A Haru le alegró poder congénita con alguien más que Mei, pero también sintió una culpa tremenda, pues se hizo amigo del archienemigo de su mejor amiga.

Y así pasaron los días... Haru se escapaba de Mei, y se iba a escuchar a Lux.

Poco a poco, Lux y Haru fueron afinand cada vez más su amistad. Pero, a cada vez, se iba convirtiendo en algo mucho más fuerte.

Un día, Lux le dijo a  Haru que tenía que hablar con él.

A solas.

-¿Que pasa? ¿Algo malo? - Le preguntó Haru, con un tono preocupado

-N-no, no es nada, sólo... Tengo que hablar contigo - La voz de Lux se escuchaba muy sería. Si Haru hubiese podido ver su cara, se preocuparía mucho más. Pero no podía, entonces no dijo nada.

Cuando llegó el atardecer, Lux llevó a su "Amigo" a un lugar privado. Para cuando llegaron, ya había anochecido.

Ambos se sentaron en el pasto del parque. Lux veía atentamente las estrellas, mientras Haru... Haru... Se acomodaba a su lado.

-¿Estás seguro de que la lo-...? Mei, ¿No nos va a ver? - Preguntó Lux algo complicado.

-No te preocupes - Contestó Haru - Ella no sale de noche, dice que si camina por las casas se puede agarrar las pesadillas de la gente.

Lux se hechó a reír diciendo:

-Entonces realmente está loca.

El amor es ciegoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora