NOTA: Escuchar multimedia.
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Sonreí al televisor como tonto. Aún sabiendo que estaba apagado. Llovía fuera de la casa. Y no podía hacer más que pensar en Annie, las miles de veces que ella venia a recostarse junto a mi, mientras veíamos la chimenea y acariciaba su cabello, ella solía beber sus inmensas tazas de té con el gato cerca de nosotros buscando un poco de calor. Amaba la manera en que ella se perdía en sus libros, ó como se acomodaba sus lentes, incluso aquella voz que muchos dirían chillona, pero para mi era aguda y muy linda.
Podía recordar ese viaje por carretera, Annie estaba viendo como caían las hojas de los árboles las cuales eran color anaranjadas, la brisa era fresca y fría, tenía la ventana abajo y miraba todo el paisaje, lo se porque la veía de reojo en algunos momentos. Ella podría mirar la naturaleza y jamás aburrirse, cada atardecer, cada árbol, cada hoja, era única y especial, ella amaba todas esas cosas. Lo se porque aprendí a amar cada una de esas pequeñas cosas que hacia, a pesar de que ella creía que nunca le prestaba atención. Siempre lo hacía, ella era —es— el centro de mi universo, aún lo es.
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