Primer capitulo

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Frida P.O.V

Cuatro. Cuatro esquinas es lo que define mi mundo, cuatro momentos al día para comer, cuatro horas semanales para salir al patio de juegos y cuatro es el número de veces que pensé en escaparme de este lugar.

No sé cómo es el mundo exterior, no sé si hay algún mundo exterior para mí, pero quiero averiguarlo por mi cuenta. He vivido toda mi vida encerrada dentro de las instalaciones de Conven, este es mi hogar, quienes me recibieron luego de ser abandonada por mis padres, quienes me protegen del mal que hay fuera porque verán, no soy como el resto del mundo.

Mi genética no es totalmente humana, esta mezclada con la genética de un felino, un león para ser más específica. Aunque mi piel y mis facciones son iguales a los de una persona normal poseo otras características. Mis ojos son de color miel en su totalidad, mi cabello es de un color castaño oscuro que se va aclarando hacia las puntas, las uñas de mis manos y pies son más más fuertes de lo normal y aunque no soy delgada, los músculos de mi cuerpo están tonificados. Duermo en una habitación que no es lo suficientemente grande para mí. ¡Necesito más! Más espacio, más aire fresco, más libertad... pero nada de eso realmente será posible.

Son las tres de la mañana o al menos eso es lo que marca el reloj en la pared de mi habitación. Es pasada la hora para salir afuera, el momento que más ansió en el día, poder respirar aire realmente fresco hace que mis energías no caigan al suelo, pero esta demora está haciéndome ansiosa. Sigo jugando con una pequeña pelota de goma color roja, mientras estoy acostada en mi cama la arrojo hacia la puerta de cromo. El golpe resuena en toda la habitación. Doy otro golpe con la pelota y esta vez es más fuerte. Me hace sentir mejor. Otro más, el golpe es más fuerte. Otro y la pelota vuelve a mi como una bala, la atrapo con una sola de mis manos y sentí el ardor en la palma de mi mano, miraba mi mano apretando la pelota roja, mis uñas hundiéndose en el material y lo bien que se sentía ver mi fuerza. Sin pensarlo la arroje nuevamente, pero en ese mismo instante la puerta se abrió y por un milímetro de distancia aquel proyectil no impacto en el rostro de mi enfermera. Mi corazón latía con fuerza, sorprendida por lo que casi causaba y asustada de las consecuencias que podría tener.

La enfermera me miro con sus ojos negros directo a los míos, no había señales de asombro, preocupación o de algún sentimiento. Solo me miraba. Se acercó a mí a pasos lentos.

- Siéntate en la orilla de la cama. Debo revisarte antes de dejarte salir. – Me dijo y se colocó el estetoscopio en sus oídos.

Mi corazón latía con fuerza aun y mi respiración era pesada.

- Cálmate. -Su voz era fría.

Asentí con la cabeza y cerré los ojos mientras intentaba controlar mi corazón.

- ¿Cómo te has sentido últimamente? – Ella saco de su bolsillo una pequeña libreta y un bolígrafo. Había dejado de hacer contacto visual - ¿Has sentido nauseas? – Negué con la cabeza. - ¿Ataques de pánico? ¿Ansiedad? ¿Ataques de ira? – Ahora sus ojos escaneaban mi rostro.

- Solo una vez esta semana – Mi voz sonaba débil. Junté mis dos manos y comencé a jugar con mis dedos. Estaba nerviosa. Había tenido un pequeño incidente esta semana y como consecuencia me habían sacado el permiso a salir al patio de juegos por tres días – Pero ya no volverán a suceder-

- Mmhmm – murmuro aquella enfermera – Bien, al parecer tu castigo fue levantado y estas en condiciones para salir al patio.

Dos personas uniformadas entraron a la habitación. Tenían trajes especiales resistentes a mí, que los cubrían de pies a cabeza, unos cascos negros hechos del mismo material y en sus manos sostenían armas con dardos tranquilizantes. Ambos me tomaron de mis brazos y me levantaron de la cama, comencé a caminar hacia el pasillo con ellos dos detrás de mí, muy cerca de mí.

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