Pasaba mi mano por los lomos de los libros acomodados en el librero de la biblioteca pública del pueblo por orden alfabético. Sabía que quería leer algo para aprovechar los últimos días de vacaciones, sin embargo no sabía exactamente qué tipo de literatura quería. Lo único que tenía claro era que quería distraerme y ese era el único modo que encontraba.
Sentí un peso en mi hombro sacándome de mi búsqueda, era la bibliotecaria y su rostro parecía haber perdido algo de la amabilidad que la caracterizaba siempre. Dijo algo, sus labios se movieron pero no logré comprender lo que quería decir, de ese modo confundida negué con la cabeza queriendo decir que no la entendí, pero al parecer aquello la molestó, pues mirando hacia abajo soltó un suspiro.
—Llevo varios minutos hablándole y usted solo me ha ignorado —repitió esta vez modulando mejor.
—Lo siento mucho.
—¿Podría hablar algo más fuerte? Soy un poco sorda, me cuesta escuchar si me hablan despacito —pidió la señora.
"Yo también" estuve a punto de decirle, pero me limité a asentir con mi cabeza y pedirle que me recomendara algún libro de lectura rápida para pasar el rato los próximos días. Miró los lomos hasta que luego sacó uno y explicó algo. No le presté mayor atención ni pedí que repitiera cuando me perdí, temía que se molestara más conmigo y la próxima vez que vaya me ignorara o tratara mal. De ese modo me llevé el libro "El niño del pijama de rayas" sin saber nada más que el título y el autor.
—Gracias —dije cuando ya estaba hecho el papeleo.
—De nada.
Caminé de regreso a casa pensando en el blog de Jaymi y preguntándome si del día anterior hasta el que vivía habría subido algo nuevo. Ansiaba seguir leyéndolo, me llamaba la atención, pero para eso tendría que esperar y ser consciente de la diferencia de horarios para revisar la página.
—No te preocupes, es entendible. Espero que me sigas leyendo, Margaret— escribió él después de mi último mensaje.
Sin darme cuenta sonreí mirando a mis zapatillas con timidez. Él se encontraba del otro lado del mundo, pero aún así mis mejillas se ruborizaban por la confusión que tuve respecto a su sexo. Me preguntaba qué pensaría de mí, si se habría ofendido o solo reído, tomándose así con humor mi comentario.
—Ya llegué —anuncié al llegar a casa con una voz que creí fuerte.
Busqué con la vista a mi madre en la sala, al no encontrarla me dirigí a la cocina donde vi una nota en la que decía que había salido a comprar para la cena. Suspiré y subí hasta mi dormitorio donde me acomodé en mi cama para empezar a leer el libro recién pedido a la biblioteca, siendo interrumpida cuando de reojo noté movimiento en el umbral de la puerta de mi cuarto. Era mi madre haciendo señas para que le prestara atención. No iba únicamente a saludarme, si no que también a recordarme algo que yo deseaba poder posponer.
—Mañana tienes cita con el sicólogo.
—No quiero ir.
—Tienes que ir, cariño —movió sus labios exageradamente en el "tienes".
Hice una mueca de desagrado y volví a centrarme en el libro sin lograrlo completamente, pues el recuerdo de lo que tendría que hacer al día siguiente se colaba en mi mente, impidiéndome leer como correspondía y disfrutar el libro.
Finalmente lo dejé de lado marcando la página en la que había quedado para luego asegurarme de que la ventana estaba abierta y prender mi laptop para navegar por internet. Revisé mi facebook sin encontrar nada interesante, por lo que luego lo dejé para ingresar al blog de Jaymi y revisar sus publicaciones más recientes, las cuales ya había leído, excepto la última de todas que había subido esa mañana, o al menos para mí mañana.
"Estamos atrapados en un mundo que no nos aprisiona y nos sentimos libres en nuestro interior, que es la cárcel de nuestras vidas"
Leí la frase una y otra vez sin lograr convencerme de sus palabras, en las cuales discrepaba. ¿Cómo era posible que seamos libres en este mundo y aprisionados por nuestro propio interior que, para mí, era el lugar donde más libre estaba? Imposible, no podía ser cierto lo que decía.
Me sentía de cierto modo desilusionada y decepcionada, después de todo no pensábamos tan igual, teníamos diferencias y se las expresé en mi comentario:
—Yo no creo que seamos encarcelados en nuestro interior, más bien somos libres. Después de todo, dentro de nosotros mismos están nuestros sueños y en ellos somos lo que queremos ser, ¿no?
Lo publiqué y estuve casi un minuto actualizando cada diez segundos, hasta que comprendí que era inútil hacerlo. Él no me respondería al instante, probablemente en Inglaterra ya era de noche o era de tarde pero él estaba haciendo algún deber, como un trabajo, tarea para la universidad u otra actividad. Así opté por cerrar mi laptop y bajar a la cocina para ayudar a mamá en algo que me mantuviera ocupada y no pensando o recordando.
***
Acostada en mi cama mirando la oscuridad, porque esta me impedía ver el techo o cualquier otra cosa, pensaba, recordaba y lloraba en silencio para no despertar a mis padres, o al menos yo creía llorar en silencio.
Tapé mis orejas con mis manos para darme la sensación de que el no escuchar era producto de que no podía "entrar" el sonido a mis oídos y no porque realmente me fuera imposible. Quería gritar hasta desgarrarme la garganta y oír al menos un susurro de algo que se podría percibir hasta en China. ¿Qué tan fuerte tendría que ser eso?
Cerré mis ojos, traté de detener el llanto, pero me era imposible. El dolor por algún lugar tenía que salir de mi cuerpo y era eso o guardármelo para seguir fingiendo que todo está bien, que en estos meses he logrado asimilarlo todo y he aprendido a vivir con esta dificultad. Pero no, la realidad era y es otra.
La luz repentinamente se encendió encandilándome, haciendo que oculte en parte mi rostro bajo las mantas sin alejar mis manos de mis orejas. En pocos segundos ya me envolvían unos brazos que siempre reconoceré, los de mi madre. Acariciaba mi cabello y de vez en cuando me hacía mirarla para modular algunas palabras, si las decía realmente o no es algo que desconozco.
Y he aquí otra cosa que deseaba más que nada: poder escuchar la cariñosa y dulce voz de mi madre cuando me dice un "te quiero", cuando me consuela o cuando me dice "mi niña".
Yatita
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Conéctate (Publicada en Amazon)
Teen FictionAlgo quiso que sus caminos se cruzaran. Alguna fuerza extraña hizo que Margaret acabase por error en su perfil y por fin encontrara a una persona con la que se identificaba. En pequeñas conversaciones por chat ambos forjaron una amistad que jamás tu...
