El significado de ser normal y un secreto en la sombra

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—No, Spencer —dijo Jennifer mientras terminaba de alistar sus cosas—, no voy a cambiar de opinión.

—Es que no lo entiendo, JJ —dijo Spencer mirándola—. ¿Por qué es tan importante hacerle una fiesta de cumpleaños a Andrew? Vamos a pasar toda la tarde atendiendo a personas que a duras penas conocemos, en vez de tener una pequeña celebración con nuestros amigos y luego llevarlo al parque, al cine o a donde quieras.

—Mira, Spencer, entiendo que todo esto para ti es extraño a causa de las dificultades que tuviste con tu madre desde pequeño —dijo Jennifer mirándolo—, pero para mí fue diferente: las fiestas de cumpleaños eran lo mejor. Andrew es un niño y, aunque sea un genio como tú, lo cual amo, también necesita relacionarse con niños de su edad, jugar, ensuciarse, caer, levantarse, intentarlo una y otra vez, soñar... y tener una infancia normal lo más que pueda. Y yo haré lo mejor para darle eso; así se convierta en un tema de discusión contigo, no me importa. Nuestros dos hijos tendrán una infancia normal, te guste o no.

—JJ... —dijo Spencer, pero ella no se detuvo a escucharlo—. Espera, por favor.

—Vamos tarde al trabajo —dijo Jennifer seriamente—. ¿Nos vamos juntos o cada uno en su auto?

—En el mío, si estás de acuerdo —dijo Spencer resignado—. El tuyo debemos llevarlo al mecánico para que revise de dónde viene ese molesto ruido.

—¿No pudiste saber de dónde venía? —dijo Jennifer mientras subían al auto.

—Sí, o me acerqué bastante —dijo Spencer mientras salían del garaje—, pero no me atrevo a moverle algo, puedo dejarlo peor. Mis habilidades no llegan a la mecánica práctica, solo a la teórica... Derek quedó de pasar hoy para llevarlo a su mecánico de confianza, Savannah lo va a traer.

—¿Y por qué no lo llevamos nosotros? —dijo Jennifer mirándolo.

—Es posible que tengamos algún caso —dijo Spencer sin mirarla—, así que es más sencillo que ellos vengan en cuanto puedan a tener que esperar a que nosotros tengamos tiempo.

—De acuerdo —dijo Jennifer.

Durante el resto del camino ninguno dijo más. Antes de salir del auto, Spencer le dio un tierno beso a su esposa y acarició su vientre levemente abultado. A pesar de que su relación ya no era un secreto, evitaban las muestras de cariño en la oficina; ocasionalmente, cuando estaban juntos, Spencer tocaba su vientre, pero por lo demás actuaban como si fueran los compañeros de siempre.

Al entrar a la oficina, Tara y Matt, que ya habían llegado, notaron que algo no estaba bien entre ellos.

—¿Viste eso? —dijo Matt acercándose a Tara.

—Los Reid están peleados —dijo Tara mirando a sus amigos—. Por más que quieran disimularlo, se les nota.

—Cuando están enojados se comportan como si fueran los mismos que conocimos hace unos años —dijo Matt seriamente—; el resto del tiempo derrochan amor... a su particular manera.

—Tienes razón —dijo Tara mirándolo—. Intentaré averiguar qué pasa. Por fortuna, sus peleas ya no afectan la dinámica del equipo; antes era imposible que ambos trabajaran juntos...

—El amor, amiga mía... —dijo Matt sonriendo—, puede cambiarnos a todos.

—Así es, amigo mío —dijo Tara riendo, y se fue al escritorio de Spencer.

—Hola, Tara —dijo Spencer sin levantar la vista—. ¿Puedo ayudarte en algo?

—Más bien sería lo contrario —dijo Tara mirándolo—. ¿Necesitas ayuda con algo?

Una vida juntos. (Editado)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora