EPÍLOGO

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Spencer se despertó temprano; sabía que les esperaba un largo día cuidando a sus nietos mientras sus padres disfrutaban de un par de semanas libres de niños y de trabajo.

Antes de levantarse, se quedó contemplando a su esposa. Su cabellera, que desde hacía algunos años había dejado de ser rubia para volverse completamente platinada, seguía tan larga como siempre. En su rostro se evidenciaba con suavidad el paso de los tiempo, pero ante sus ojos seguía viéndose tan hermosa como el primer día en que la conoció.

—Si me sigues viendo de esa manera, solo me haces pensar en dos cosas —dijo JJ sin moverse de su lugar—: o algo anda mal en mí... o quieres algo.

—¿Qué tiene de malo que me quede contemplando lo hermosa que está mi esposa? —respondió Spencer con una sonrisa, acercándose para darle un tierno beso.

—¿Acaso estás intentando seducirme, Spence? —preguntó JJ con picardía.

—Tal vez... —rio suavemente él.

JJ amaba despertar cada mañana al lado de aquel genio que la había enamorado tantos años atrás. Con el paso del tiempo, el cabello de su esposo se había vuelto casi blanco y las arrugas ya surcaban su rostro, pero lo único que jamás había cambiado era esa sonrisa traviesa que a ella tanto le fascinaba contemplar.

—Y dime, ¿qué planes tenemos para hoy, amor? —preguntó JJ, acariciándole el rostro con dulzura.

En ese preciso instante, se escucharon múltiples pasos apresurados resonando por el pasillo.

—Preparar comida para un batallón —respondió Spencer con una carcajada— y ver la forma de mantenerlos ocupados.

—¿Dos semanas...? —frunció el ceño JJ, entre seria y divertida—. ¡¡Debemos buscar cómo entretenerlos durante dos semanas!! ¿Crees que de verdad lo vamos a lograr?

—Tenemos que lograrlo —sonrió Spencer con optimismo.

Antes de que pudieran añadir una sola palabra más, un entusiasta grupo de niños irrumpió en la habitación y se lanzó sobre la cama sin la menor contemplación.

—¡Buenos días, pequeños! —saludó Spencer riendo—. ¿Cómo amanecieron?

—¡Oigan, falto yo! —protestó una vocecita infantil desde el lado de JJ.

—Claro que no, pequeña —sonrió JJ, extendiendo los brazos para ayudarla a subir a la cama.

De sus nueve nietos, quien más acaparaba la atención de JJ era la pequeña Rosaline; más que por el hecho de ser la menor de todos, era por el impresionante parecido con su difunta hermana. Si no fuera porque su cabello era oscuro, sería idéntica a ella.

A diferencia de Spencer, Andrew y Eleonor —quienes poseían una genialidad innata—, los menores de la casa no alcanzaban ese puntaje extremo, pero aun así sobresalían con creces entre los chicos de su edad, todo gracias a los métodos de crianza que sus padres y abuelos aplicaban con ellos.

—Bien, abuelo —sonrió Nicolás—. ¿Y ustedes?

—Bien —contestó JJ—. A ver, cuéntenme: ¿a qué se debe que estén despiertos tan temprano?

—Queremos hacer una negociación con ustedes —anunció Olivia con aires solemnes.

—Los escuchamos —adoptó Spencer una postura seria—. ¿Qué quieren y qué ofrecen?

—Queremos pasar un día completo en el bote —dijo Jacob con entusiasmo—, y a cambio mantendremos todas nuestras cosas en orden.

—De hecho, siempre deberían mantenerlas en orden... —intervino JJ con firmeza—, no solo cuando intentan conseguir algo. Pero me parece un trato justo, siempre y cuando ese orden se mantenga durante estas dos semanas.

Una vida juntos. (Editado)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora